miércoles, 12 de agosto de 2009

El testamento

Caían las primeras nieves del invierno y el Marqués de la Encina ya sabía que pronto le llegaría su fin. Era hombre de principios justos tal y como lo fueron sus progenitores. Amaba la vida más que nadie y quizás fuera por su educación y linaje que sólo permitía dar la confianza a la gente que fuera noble de verdad. Aquella noche de Navidad era sin duda su última noche. Los recuerdos desfilaban en orden cronológico y le pesaban en la conciencia más que la edad. Un sirviente, antes de retirarse y con ojos llorosos le preguntó si deseaba algo más antes de irse a descansar. El marqués le dijo que se acercara que tenía que hablar con el.

- Dígame señor.
- Andrés no me llores más porque yo lloro también.¿ Cómo va lo de Massachusetts ?.
- Tal y como son sus deseos señor...El avión está al llegar.
- Tu conoces Andrés mejor que yo sobre la naturaleza humana y que dentro de poco, serás como un padre para mi linaje. Tendrás enemigos de uñas afiladas y... gente indeseable...¿Estarás preparado?
- Andrés asintió y le dijo: Usted sabe que nunca pensé en usted como si fuera mi señor, sino como alguien sabio que da ejemplo con su vida: Un maestro que enseña a vivir para vivir.
- Lo que más me ha costado en este mundo es dejar esta vida_ dijo el Marqués_. He luchado contra la enfermedad lo indecible y los médicos me decían que no malgastara más el dinero...que era inútil. Así pues, hace un año tuve esta idea. Parece descabellada pero ya verás como nos reímos tú y yo. Antes de reunirme con Dios, quisiera que nuestra despedida fuera la de dos amigos que se separan en un punto y seguido.
Andrés dobló sus rodillas tomando en sus manos las manos de quien fue su amigo de verdad. Le dijo que jamás en la vida pudo saber cómo un hombre de tal fortuna y poder tenía la humildad de un hombre sencillo...que no lo defraudaría.
- Ahora debes de retirarte. Quiero estar solo.
Andrés echó más leña a la chimenea y sin decir nada se retiró.

Al amanecer cantaban los gorriones buscando alimento por los tejados y los gallos llevaban tiempo anunciando el alba. El Marqués de la Encina murió en soledad: Tal y como él lo quiso.

Las pompas fúnebres fueron de lo más concurridas. El Marqués sólo tenía como descendencia a tres sobrinos y cuatro primos segundos: Todos llorando por fuera y felices por dentro pues la dote consistía en una de las fortunas más grandes de España. Durante el sepelio desfilaron gente humilde y gente de la nobleza así como gentes desconocidas y rezadoras de rosarios de los más variopintos sitios de España. Las coronas de difunto ya no cabían por ninguna parte y el libro de las firmas para los condolientes se agotó. Pero... ¿Cómo se repartiría el testamento del difunto?. Los clérigos pensaban que por ser el Marques hombre cristiano y dado a la iglesia se acordaría de ellos. Los sobrinos pensaban en coger el mejor de los pellizcos y los primos segundos estaban tranquilos y sin cuidado alguno pues alguien tan noble como su tío les dejaría un buen recuerdo. El caso es que aquel entierro se convirtió en una lotería donde cada cual hacía su apuesta.
Al día siguiente los clérigos llamados a testamento, sobrinos y primos ya estaban en la notaría para dar gracias a Dios por aquello que iban a recibir. El notario dijo ante todo que por orden del difunto leería una circular que había llegado de la universidad de Massachusetts. Todos se quedaron extrañados y nadie entendió el mensaje por no saber interpretar exactamente aquella traducción del inglés. A continuación el Sr. notario sacó un sobre lacrado con un comunicado del difunto Marqués. Decía esto:
Quién fuera que fuese,
ahora lo sigo siendo.
Quienes seguís siendo por estar vivos,
lloráis de alguna manera por aquel quién se fue.
He de deciros que no lloréis más pues...
atrasé las manillas del reloj.
Reid pues y no llorad,
que aparezco en un plis-plas.

Todo el mundo se quedó en suspense. El notario no puede aguantar la risa y dice que sólo hay un heredero de toda esa fortuna: "El Marqués de la Encina". El silencio se hace rotundo con una interrogación. Se abre una puerta y aparece Andrés (padre adoptivo) con un bebé en sus brazos...EL MARQUES SE HA CLONADO.

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