sábado, 17 de abril de 2010

Desde fuera para dentro

Esta noche es especial. La oscuridad del horizonte se ilumina por los faros de algún coche lejano y el silencio, se corta a intervalos por el canto de un mochuelo. Con frecuencia me gusta subir a mi azotea y dar un paseo por el cielo; observar un avión sin sonido que se pierde y aparece otro o, incluso, algun satélite naranja que vigila nuestra tierra. Mis ojos se pasean de una estrella a otra más rápidos que la velocidad de la luz y todo es quietud silenciosa. Me encanta dar rienda suelta a la fantasía y mezclar pensamientos por ser alquimista de sueños y por perderme un rato en mi ciudad interior. Esta noche hace frío de abril... Todo lo que no se escucha durante el día cobra vida en la noche; como si la oscuridad fuera un amplificador de sonidos que los callan durante el día. A lo lejos, se escucha la cisterna del retrete de mi vecino y más cerce de mí, los gemidos de una película porno que ve otro vecino y que está sordo. Ahora todo es silencio otra vez. El año pasado se deslizaba por el cielo una lechuza blanca como la nieve y por más que vigilo su territorio, parece que ha desaparecido como el oscuro viento viajero del silencio.
Esta noche es especial porque tengo paz interior. Siento que mi corazón está más pausado y me detengo en todos esos detalles que no tienen prisa por vivir. Mi imaginación mezcla imágenes con palabras y si pudiera, los compartiría con mi amiga Lola que anda un poco pachucha.
Esta noche, el tiempo se detiene y todos los soñadores, tomamos asiento en el...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los soñadores somos vigias de una vida mitad cierta, mitad imaginaria, pero muy vivos a todas las emociones internas y externas.
Namyra