En vísperas de nada, viajo por el tiempo una noche donde nada se anuncia y mucho menos, para un jubilado como yo, podría esperar tal cosa presa del destino...
Ceno algo ligero, tomo mis pastillas, paso por la ducha y me voy directo a la cama.
Una paz infinita me invade. Entrego mi alma a Dios con una humildad donde mi corazón son el de Dios y el mío. Rezos árabes salen por mi boca suplicando sentirme con esa paz interior en un idioma que no conozco. Levanto la cabeza y estoy en la Meca con miles de personas que entregan su alma a Dios. El día es un paseo en completa armonía con otros hermanos donde nuestra sangre confluye desde un mismo punto...Todo esto es indescriptible para mi sentir. Llega la noche y vuelvo a entregarme a Dios antes de dormir...
Las alarmas suenan en mi portaaviones. Me visto deprisa porque hay misión de combate. Todo son carreras y el mando de dice donde tengo que arrojar las bombas. Mi cuerpo suda y mis músculos están en tensión. El despegue es frenético al amanecer y vuelo sobre poblados de gentes que huyen de las bombas sin saber donde. Sin embargo mi misión se cumple y gentes dormidas mueren en un complejo urbanístico porque un líder enemigo vive ahí...Misión cumplida. Por la noche duermo en mi camarote y no se me va de la cabeza aquella gente que huía de su poblado como quien huye de la muerte...
Soy un pastor de cabras. Vivo en un cortijo de Andalucía y cada amanecer las llevo a pastar a la sierra. Siempre llevo un transistor de radio, una mochila con comida y agua y dos perros que me ayudan en el pastoreo. Apenas veo a nadie en todos estos días donde la soledad se ha hecho mi amiga. En el cortijo hago queso de cabra ademas de ordeñarlas con una máquina que me quita mucho trabajo. Llega la noche y duermo en paz.
No soporto el aire que respiro porque está contaminado. No quiero esa medicación y todo el mundo me persigue. Me dan ataques de agresividad si encienden la televisión porque los locutores quieren mi alma y a veces me ponen una camisa de fuerzas porque ataco a la gente. Por la noche me dan pastillas para dormir. Así llevo tres años. Duermo y no recuerdo nada...
Despierto por la mañana con angustia. En este sueño creo que he vivido varias vidas y cuando enciendo la luz de mi habitación, frente a mi hay una chilaba, un uniforme de aviación, la ropa de un pastor y una camisa de fuerzas...
Un relato muy original. Un beso
ResponderEliminarUn texto un poco angustioso, pero la máquina del tiempo es sabia y regresa para recordar. Un abrazo
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