Canta un cantar que la soledad, se puede romper con un sueño y los sueños, sueños son cuando despiertas en la nada...
Tuvo su juventud, tuvo su niñez y también tuvo su madurez. La soledad, su soledad, era un secreto a voces porque de una solterona como ella, se podría esperar cualquier cosa...De esa manera llegó a la vejez octogenaria y en la muñeca de su mano, le pusieron una pulsera con un botón rojo por si se caía o caía enferma para llamar y ser atendida.
Cada paso en la calle era su soledad tan fría como la suela de sus zapatos dejándose caer en la humedad de la calle...En su corazón los sueños abundaban cuando nunca tuvo una pareja ni tan solo un beso de mujer. Recuerdos de trabajar en otros tiempos duros si los hubo y hasta enamorarse de otra mujer a quien nunca se confesó. Pasaban los años de soledad sin tener a alguien a quien se le arrimara por amistad y nada mas. Todo era distante desde que a temprana edad supo de su orientación sexual.
Había una operadora en la distancia que la llamaba en su cumpleaños, en su día y a veces, se interesaba por su salud...Era una voz anónima la trataba con cariño y eso la colmaba de felicidad. A veces llamaba al botón rojo porque la soledad la ahogaba y muchas veces lloraba cuando aquella voz la calmaba y le hacía compañía para llenarle el corazón de cariño. Nunca en su vida pudo tener el calor de alguien que la comprendiera de aquella manera: La chica se llamaba Carmen. A veces mantenían largas conversaciones y pocas veces, pudo enamorarse de una mujer que la trataba con tanto cariño como Carmen...
Una mañana el cartero le entrego un sobre certificado de la Junta de Andalucía. La Navidad se acercaba y al abrir el sobre encontró una tarjeta: Era de Carmen deseándole una Feliz Navidad.
Se vistió con sus mejores ropas, se perfumó y rezó. Como loca y sin saber por qué llamó a un taxi para que la llevara al centro donde la llamaba Carmen. ¿Sería el principio de un idilio a su edad?...La tarjeta temblaba en su mano, el corazón palpitaba en su pecho. Llamó de nuevo al botón rojo para preguntar por Carmen pero Carmen ya no estaba allí. Suplicó por saber su dirección y nadie se la dio por protección de datos. Ella insistió porque recibió una tarjeta y la operadora le dijo que esa tarjeta se había enviado a todo el mundo.
Lloró sola en su casa hasta que la tristeza se la llevó a otro lugar con una tarjeta en su mano...