Nadie la aventajaba. Para mí era perfecta en su mirada, en su sonrisa, en su forma de vestir y en sus opiniones certeras en clase. La simpatía y el encanto no tenían fallos... Verla en ratos de recreo deslumbraba como una luciérnaga por la noche y yo caí enamorado como un tonto. No podría ser de otra manera que las demás chicas le tomaran envidia. Todo el instituto se preguntaba cómo una chica tan encantadora aun no tenía novio...Sin embargo yo la soñaba y ella lo sabía.
Llegaba finales de septiembre y comenzaba el curso. A nuestra clase llegaron tres chicas nuevas que sin pretenderlo competían con ella. Ya había chicos que dejaron de perseguirla y se interesaron por las nuevas pero yo seguía fiel a mi amor... Pasaba el curso y en la clase teníamos tres modelos que rivalizaban en todo con un silencio sepulcral de tensión.
Casi a finales de curso una de las chicas nuevas cae enferma de gravedad. Nos lo anuncian en clase y en ese momento, veo a mi amor que esboza una leve sonrisa de maldad. Justo en ese momento, dejó de existir para mi.
Sintiendo mi indiferencia hacia ella, comenzó a buscarme preguntándome qué me pasaba, por qué me alejé.
Han pasado los años y poco a poco porque soy torpe, me he dado cuenta de la mala leche que tienen algunas personas.