martes, 3 de marzo de 2026

Volver a vivir.

 

 Las fiestas populares se celebraron por todo lo alto; la algarabía de este pueblo es famosa en toda la región pero, algo nos acechaba cuando la última tarde el cielo ya estaba enrarecido. No eran nubes de lluvia, tampoco calima del desierto. Era una oscuridad gris que apagaba el color de la vida; algo mortecino que se adentraba en el corazón de la gente para no salir de su silencio...

Poco a poco la fiesta terminó. Cada cual se fue a su casa con ojo vigilante en el cielo pero nadie decía nada.

A la mañana siguiente, la gente fue a trabajar, los niños marcharon para la escuela y las amas de casa comenzaron sus labores. La maldición tuvo su comienzo cuando todo el mundo tuvo conciencia de que nadie reía...Y pasaban los días. Aparentemente mi pueblo parecía un pueblo normal pero, sin risa. La gente se saludaba con un adiós seco, los niños jugaban sin alegría en los recreos y los visitantes de otros lugares hablaban con una sonrisa a los paisanos pero, nadie respondía con una sonrisa.

Llegaban las fiestas de la primavera, las del verano, las de la Navidad, las fiestas patronales, los cumpleaños de la gente pero, nadie sonreía...La maldición no se marchaba y tampoco nadie se atrevía a nombrarla. El ambiente era denso en cada celebración que la gente hablaba de todo con acento serio y muchos se agobiaban tanto, que comenzaron  a tener depresión cuando mas locura cuando se conocieron casos de suicidio. Sin embargo, de aquella maldición nadie hablaba y mi pueblo se hizo famoso pasados dos años sin un sonrisa.

Estudiosos de todo el mundo se interesaron por este caso tan inusual. Las radios y las televisiones de todo el mundo hablaban de un pueblo que no conocía la sonrisa y hasta hubo cómicos que con su espectáculo quisieron curarnos  de este mal pero, la gente no sonreía; incluso el ayuntamiento quiso dar un premio a lugareño mas gracioso pero lo mas que se consiguió fue un chiste soso.

María fue a dar a luz y no llegaba al hospital así que parió en su casa. El médico del pueblo la ayudó con una comadrona que ya estaba jubilada. Nació un niño que nada mas nacer, nació sonriendo en lugar de llorar. Parecía que el recuerdo de la risa se había olvidado y María también sonrió... Aquella novedad cundió como la pólvora por el pueblo. La gente presa de la expectación, comenzó a sonreír en un principio de forma  provocada; intentando buscar en su interior la alegría olvidada y pasado un momento, el cielo azul volvió a esta villa justo cuando la alegría fue anunciada por un niño al que llamaron Jesús. Su padre José, era carpintero...

 

 

2 comentarios:

Sylvia dijo...

Una preciosa historia reinventada a la actualidad... Sólo necesitamos la sonrisa para empezar de nuevo. Me ha gustado mucho. :)

Susana Moreno dijo...

Muy hermoso. Un beso