jueves, 13 de agosto de 2009

El testamento

Caían las primeras nieves del invierno y el Marqués de la Encina ya sabía que pronto le llegaría su fin. Era hombre de principios justos tal y como lo fueron sus progenitores. Amaba la vida más que nadie y quizás fuera por su educación y linaje que sólo permitía dar la confianza a la gente que fuera noble de verdad. Aquella noche de Navidad era sin duda su última noche. Los recuerdos desfilaban en orden cronológico y le pesaban en la conciencia más que la edad. Un sirviente, antes de retirarse y con ojos llorosos le preguntó si deseaba algo más antes de irse a descansar. El marqués le dijo que se acercara que tenía que hablar con el.

- Dígame señor.
- Andrés no me llores más porque yo lloro también.¿ Cómo va lo de Massachusetts ?.
- Tal y como son sus deseos señor...El avión está al llegar.
- Tu conoces Andrés mejor que yo sobre la naturaleza humana y que dentro de poco, serás como un padre para mi linaje. Tendrás enemigos de uñas afiladas y... gente indeseable...¿Estarás preparado?
- Andrés asintió y le dijo: Usted sabe que nunca pensé en usted como si fuera mi señor, sino como alguien sabio que da ejemplo con su vida: Un maestro que enseña a vivir para vivir.
- Lo que más me ha costado en este mundo es dejar esta vida_ dijo el Marqués_. He luchado contra la enfermedad lo indecible y los médicos me decían que no malgastara más el dinero...que era inútil. Así pues, hace un año tuve esta idea. Parece descabellada pero ya verás como nos reímos tú y yo. Antes de reunirme con Dios, quisiera que nuestra despedida fuera la de dos amigos que se separan en un punto y seguido.
Andrés dobló sus rodillas tomando en sus manos las manos de quien fue su amigo de verdad. Le dijo que jamás en la vida pudo saber cómo un hombre de tal fortuna y poder tenía la humildad de un hombre sencillo...que no lo defraudaría.
- Ahora debes de retirarte. Quiero estar solo.
Andrés echó más leña a la chimenea y sin decir nada se retiró.

Al amanecer cantaban los gorriones buscando alimento por los tejados y los gallos llevaban tiempo anunciando el alba. El Marqués de la Encina murió en soledad: Tal y como él lo quiso.

Las pompas fúnebres fueron de lo más concurridas. El Marqués sólo tenía como descendencia a tres sobrinos y cuatro primos segundos: Todos llorando por fuera y felices por dentro pues la dote consistía en una de las fortunas más grandes de España. Durante el sepelio desfilaron gente humilde y gente de la nobleza así como gentes desconocidas y rezadoras de rosarios de los más variopintos sitios de España. Las coronas de difunto ya no cabían por ninguna parte y el libro de las firmas para los condolientes se agotó. Pero... ¿Cómo se repartiría el testamento del difunto?. Los clérigos pensaban que por ser el Marques hombre cristiano y dado a la iglesia se acordaría de ellos. Los sobrinos pensaban en coger el mejor de los pellizcos y los primos segundos estaban tranquilos y sin cuidado alguno pues alguien tan noble como su tío les dejaría un buen recuerdo. El caso es que aquel entierro se convirtió en una lotería donde cada cual hacía su apuesta.
Al día siguiente los clérigos llamados a testamento, sobrinos y primos ya estaban en la notaría para dar gracias a Dios por aquello que iban a recibir. El notario dijo ante todo que por orden del difunto leería una circular que había llegado de la universidad de Massachusetts. Todos se quedaron extrañados y nadie entendió el mensaje por no saber interpretar exactamente aquella traducción del inglés. A continuación el Sr. notario sacó un sobre lacrado con un comunicado del difunto Marqués. Decía esto:
Quién fuera que fuese,
ahora lo sigo siendo.
Quienes seguís siendo por estar vivos,
lloráis de alguna manera por aquel quién se fue.
He de deciros que no lloréis más pues...
atrasé las manillas del reloj.
Reid pues y no llorad,
que aparezco en un plis-plas.

Todo el mundo se quedó en suspense. El notario no puede aguantar la risa y dice que sólo hay un heredero de toda esa fortuna: "El Marqués de la Encina". El silencio se hace rotundo con una interrogación. Se abre una puerta y aparece Andrés (padre adoptivo) con un bebé en sus brazos...EL MARQUES SE HA CLONADO.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Un estado de lucidez especial

Una canción se escuchaba en la radio desde alguna emisora. La cantante poseía una voz rota, grave y tierna a la vez, con un tono macerado por los años y la experiencia tal y como se madura un sentimiento con el paso del tiempo; voz domada con nobleza después de tener tantos tropiezos y de querer seguir viviendo al cabo de tanto vivir... Alberto entró en un estado de iluminación y deseaba escuchar aquella cantante infinitamente pues descubrió en esa mujer algo verdaderamente genuino que el también llevaba. Se había identificado con aquella voz nada más escucharla y en su entonación, se intuía un alma tan gastada como unos zapatos viejos que han sido muy domados al caminar. Era curioso desear la vida con tanto ímpetu después de tener tantas caigas pues lo corriente es claudicar y rendirse. Aquella cantante ponía el alma en cada palabra así como lo hace un poeta en sus versos. Era la una de la madrugada de un 14 del mes de abril y Morfeo quiso que Alberto disfrutara de aquella canción con la claridad y la lucidez de cuando se resuelven los problemas en momentos en donde el sueño y la claridad de las ideas, hacen las paces. Terminó la canción y Alberto abrió los ojos con una sonrisa. ¿Cómo es que no conocía a aquella mujer?...No tenía perdón del cielo...


Dedicado a Chavela Vargas.

El último de los Gumede

Me llamo Ildefonso Álvarez Gumede. Soy ciudadano del Reino de España y del mundo entero por gracia de Dios pero en particular, de la localidad costera de Isla Cristina (Huelva) . Desde hace años inmemoriales mi familia vive en esta provincia para llevar con orgullo el apodo de "Los zahinos". Siempre me extrañó este alias por tener mi familia tan oculto el pudor de un pasado lejano pero... tan noble como el que más. En toda la estirpe de mi descendencia por parte materna tenemos la marca del mismo pasado justo en los labios, ya que poseemos unos enormes labios en honor a un antepasado llamado - Abeeku Gumede-. Fue ciudadano cristiano de esta localidad, monaguillo suplente y afamado cantaor de flamenco desde que se descubrió su facilidad en entonar los más variados palos del cante jondo. Era tan conocido como el más afamado cataor de la actualidad y quizás la mejor herencia que nos dejó, no fueron sus labios colgueros sino su magnífico oído capaz de apreciar de un solo golpe cualquier estilo de música sea del país que sea. Sin ir más lejos, mi tía abuela de 90 años Encarnación Gumede García, le encanta Frank Zappa y Miles Davis además de escuchar con regularidad a su amor platónico: Van Morrison. Abeeku Gumede era poeta pionero del mestizaje en el sentimiento y la mayoría de la gente de aquel entonces no entendía muy bien sus mensajes mestizos. Decía algo así como...

Oh!! Bella luna de Isla Cristina como en la sabana de África.
Vine de la nada buscando hospitalidad
y encontré además amor.
Mis dioses son ahora un Dios y
pienso en lo ambiguo que es el ser humano.
Culturas diferentes para quién no las ha vivido.
Palabras que se enredan entre África y España.
Maestro, tú que me enseñas latín para ser cristiano,
¿crees en verdad en el idioma escrito?
No
El idioma no tiene palabras.

Decía que África y Isla Cristina eran para el una única tierra. Cuando recitaba aquellos versos, había gente que no entendía para nada su significado y gente seguidora de su historia que lo consideraba un santo reencarnado en una piel negra; alguien a quién venerar pues en la vida se había conocido persona tan sensible a todo con una piel tan negra y brillosa como la de aquel hombre venido de ultramar... Así, Abeeku Gumede fue venerado como un enviado del divino y...hasta sabio artista.
Su mujer se llamaba Felisa Fernández Fernández y era natural de dicha localidad. Fue mujer sencilla y simple de pensamiento tanto como descuidada en el vestir por no ser coqueta. Era adicta a las coquinas que recogía de la playa de Isla Cristina al bajar la marea y algo dada al vino de la barrica de su padre porque decía que la ayudaba a estar más cerca de Dios y de su tristeza. Al parecer, no era agraciada en belleza y según decía mi madre, tenía un tic nervioso que le hacía dar guiños por doquier a cualquier persona con la que se tropezara y hasta hubo incluso lenguas que decían eso de que alguna mujer de dudosa reputación también se los guiñaba. Así pues, fue considerada como mujer promiscua y pecadora de ambos sexos...
El encuentro de Abeeku y Felisa fue toda una sorpresa. Ella, como cada atardecer, recogía coquinas para la cena y él, consiguió llegar a aquella playa huyendo de un barco cargado de esclavos con dirección al muevo mundo. Felisa era algo miope y a la poca luz del atardecer, le pareció que era un ser con quemaduras oscuras buscando alivio en las aguas del mar. Al acercarse, comprobó que era un hombre desnudo de piel oscura y mirada asustadiza. Hablaba alguna lengua desconocida y Felisa le ofreció su hospitalidad.
Pasaron los años y hubo descendencia. Pasaron las generaciones y la piel se fue aclarando más y más en sus descendientes aunque los labios y el oído musical de Abeeku Gumede, seguían dando fe de que alguien que vino de ultramar dejó su huella. Las malas lenguas pusieron a mi familia " Los zahinos" por el color de nuestra piel y en el día de hoy nos llaman así por cariño más que nada.
Veo en los telediarios una inmensidad de mujeres embarazadas...niños que a su corta edad ya son hombres...gente que sólo busca trabajo y algún dinero para enviar a su familia y que cruzan el estrecho a sabiendas de que todo puede ser un sueño muy caro de pagar.Así pués a mis 50 años y viendo que mi segundo apellido va a desaparecer por falta de descendencia directa, no veo que por vergüenza deba de ocultar la historia de los Gumede.
Ante todo el apellido Gumede es la huella de la libertad y no del dolor. También de la vida por vivir...

domingo, 9 de agosto de 2009

Balanza de sentimientos

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Tomaste mi mano y
siento lo que sentiste.
Te miré a los ojos y
parecían como que querías dar.

De un golpe,
me robas el corazón.
De un golpe,
tú me das el tuyo.

sábado, 8 de agosto de 2009

Un toque de disculpa

.

Quizás pensaste que te olvidé
y no fué así.

Pudiste pensar mil cosas
y yo sólo una.

De lo que sí puedes estar segura,
es que estos versos y los otros...

Siguen siendo para tí...



Para Victoria.

jueves, 6 de agosto de 2009

Imaginación y creatividad

Las puertas de la inspiración pueden llevar al que escribe a unos momentos que por ser sublimes, arañan aquello tan profundo y emotivo que se sintió una vez. Sus palabras pueden ser asequibles de comprender y su mensaje cala en cualquier corazón.
Hoy he vuelto a eschuchar un disco que tenía olvidado en un rincón de mi estantería y de mi memoria. Recuerdo perfectamente aquello que sentí la primera vez que lo escuché; fué la nostalgia del pasado, de una niñez que se impresionaba guardando recuerdos que jamás se olvidarán. Es muy frecuente recordar durante el día cosas pasadas pues nuestro pensamiento es una veleta que apunta lo más certero; aquello que nunca se olvidó y que en el momento más inesperado, puede que solo saque la punta de un iceberg de sentimientos. Pues sí, hoy estoy melancólico... Ese niño que yo fuí no me deja tranquilo y lo peor es que de mayor también se las trae. Con la experiencia he aprendido a sobrellevar algunas cosas que nos pasan en la vida y aún así, aquello que queda grabado solo lo puede quitar el alzheimer.
Mi amigo Ángel me dice que la imaginación de los niños es un alucine en su mundo infantil y que la mía no tiene menos precio. Es verdad. Por mi pensamiento pasan los cuentos inventados que mi hermano Miguel Angel devoraba en sus ojos semicerrados como una película que se inventaba antes de dormir. Recuerdo que le narraba historias al compas de su disco favorito ( The big blue de Eric Serra). Las imágenes se sucedían una detras de otra con ojos de Steven Spielberg. A mi me hacía gracia la expresión de sus parapados semicerrados pues mi hermano que era tan inocente se lo creía todo.
Con fecuencia he deseado volver a ser aquel chiquillo de la calle Pedro Gomez que vivía las cosas de una manera... ¡¡ TAN ESPECIAL!!. Volver a ese mundo que hoy me devolvió este disco de jazz, me hace recordar a mi tio Andrés cuando refirió su también canción nostálgica; esa canción es "Los Campanilleros de La niña de La Puebla" y de sus palabras afloraron esa vida interior que lleva dentro.
Tengo estanterías llenas de CDs y la música de mi vida apenas ocupa unos 10 discos. Pienso que la vida es una cadena de sentimientos que muchas veces unen o separan a las personas. Encontrar a alguien que piense como tú y que comparta lo vivido es la mejor de las suertes pero... asesinar los recuerdos y mucho peor los sentimientos, es algo que no tiene perdon del cielo. Aún sigo pensando que hace falta una revolución de silencio...aquella que solo da el pensamiento.

...A mi hermano Miguel Angel.

sábado, 1 de agosto de 2009

Dedicado a Rebecca Martin

Podemos admirar una pintura, escuchar un disco, leer una mirada, perderse en los colores del atardecer o en definitiva, apreciar aquello que nos llegó una vez al corazón sin poder dar una clara explicación de esa maravilla que nos hizo sentir. El mapa del sentimiento abre en nosotros ventanas donde las palabras no tienen tan fácil acceso.
Esta tarde de primero de agosto, fué dedicada a escuchar algun disco de jazz y no me faltaron ganas para poder expresar todo eso que llevo dentro a traves de algún instrumento. Para mí esta música es el continuo descubrimiento, algo que al escucharlo se desliza por mi interior y abre veredas que tocan lo más hondo. La compenetración de varios músicos y su complejidad, el hermanamiento de cada nota en cada segundo así como su magia, hacen del jazz el deleite de lo que nunca se acaba. Toda música, graba en mi memoria cientos y cientos de temas de varios estilos diferentes y cuando vuelven a llegar a mi oido, se abre ese mágico camino que desde lo más profundo, reconoce sus notas.
Ma hace gracia recordar mi primer Stereo. Fué el mejor de los regalos que me hizo mi padre pero, para escuchar bién ese sonido, sólo era cuestión de apoyar la cabeza a cada lado de los altavoces para poder saborearlo. El dinero por aquel entonces escaseaba en mis bolsillos así que los discos de música eran escuchados y exprimidos hasta poder comprar otra cinta virgen y grabar otro LP. En aquel tiempo no hacía falta buscar buena música porque en cualquier lugar que fueras, la podías encontrar.
Hoy en día veo a chicos jóvenes que llevan coches con equipos sofisticados de sonido. Pasan por mi lado con una música estruendosa que no me dice nada sólo que, los papeles de aquella época que viví y la de ahora han cambiado al 100%. Ahora tienen dinero pero su gusto musical deja mucho que desear debido a la escasa difusión de lo que se considera música de calidad. La creatividad de los artistas pop-rock se ha visto limitada y apenas hay grupos nuevos; encontrar buena música no es nada fácil. La radio solo pone temas que se remontan a dos décadas y hace unos años, prometían la vuelta de lo que fué aquel movimiento cultural de los 80. El resultado no puede ser más patético. Así pues, yo, desde esta isla, sigo escuchando a una mujer que descubrí hace poco y resulta que es genial... Rebecca Martin...