El silencio de las palabras se llenaba de vino en la barra de cualquier bar. Son miradas que no dicen nada subidas a un taburete que tiene sabor a una dulce soledad. El tiempo, pasaba con ese sentimiento que da el alcohol como si fuera lo más agradable del mundo...
Como cada día, los pasos perdidos se encontraban llenos de melancolía. La soledad buscaba alivio en un Velasco Chacón natural y la vida, se pasaba de mejor manera. El tiempo despilfarraba las estaciones y los años como los recuerdos apoyados en la barra de un antro barato y a veces, el regreso a casa no eran pasos perdidos ni encontrados, tan solo ladeados.
Un día cualquiera, su organismo no quería más excesos y la salud le pasó la factura de una cirrosis hepática. No podía trabajar y encima estaba mal mirado en el pueblo por ser un borracho lleno de nada. Nunca hizo daño a nadie y vivia solo. Cumplía con su trabajo de jornalero y pasaría desapercibido si no fuera por sus tremendas borracheras.
Era verano y por la puerta de su casa salía un hedor nauseabundo. Quizás su olor a muerte dió la alarma de hecharlo en falta y en su entierro, no faltó una corona de flores ni tampoco mi compañía...
domingo, 6 de junio de 2010
sábado, 5 de junio de 2010
Fotografía de Diós rodeado de una cerca en un parque
Mi querido habitante:
Tú que eres tan cercano a mí y a todo el que te busca, apareces rodeado por una vaya con pinchos ladeados... Aún no te dan libertad. Esperas y esperas con la frustración del que se desespera viendo lo que pasa. La senda del tiempo casi te curó las heridas y la lluvia te quitó la sangre ya reseca.
¿No te acuerdas cuando me hablaste aquel día? El buen humor que tenías y lo optimista que eras. Recuerdo cuando yo me sentaba en aquella capilla (en el último banco) y te contaba mi vida y mis problemas sin esperar respuesta. Pero de cada conversación salía como nuevo. No sé qué me dabas. Hoy tu fotografía me dice que llueve sobre mojado para el artista que te modeló...pero me resisto a creer que esa es tu actitud frente a la vida. Abriste las puertas de mi noche y la sabiduría que deshilabas se impregnaba en mi corazón. Sentía que me querías y ya nunca jamás he temido de ti. De sobra sabes que no soy santero ni devoto de las iglesias y curas... que sólo creo en ti y a ti te espero. No conozco tu voz pero sí el idioma de tu corazón. Soy afortunado en ti.
El día que nos volvamos a ver, mi noche se abrirá de nuevo; ese fondo de mi corazón que tan en silencio está y que llenas de luz.
Lo más bello de este mundo está delante de un madero y a la vista de quien lo ha sentido, o sólo tiene fe en Dios, porque sabe que él, está en él.
Tú que eres tan cercano a mí y a todo el que te busca, apareces rodeado por una vaya con pinchos ladeados... Aún no te dan libertad. Esperas y esperas con la frustración del que se desespera viendo lo que pasa. La senda del tiempo casi te curó las heridas y la lluvia te quitó la sangre ya reseca.
¿No te acuerdas cuando me hablaste aquel día? El buen humor que tenías y lo optimista que eras. Recuerdo cuando yo me sentaba en aquella capilla (en el último banco) y te contaba mi vida y mis problemas sin esperar respuesta. Pero de cada conversación salía como nuevo. No sé qué me dabas. Hoy tu fotografía me dice que llueve sobre mojado para el artista que te modeló...pero me resisto a creer que esa es tu actitud frente a la vida. Abriste las puertas de mi noche y la sabiduría que deshilabas se impregnaba en mi corazón. Sentía que me querías y ya nunca jamás he temido de ti. De sobra sabes que no soy santero ni devoto de las iglesias y curas... que sólo creo en ti y a ti te espero. No conozco tu voz pero sí el idioma de tu corazón. Soy afortunado en ti.
El día que nos volvamos a ver, mi noche se abrirá de nuevo; ese fondo de mi corazón que tan en silencio está y que llenas de luz.
Lo más bello de este mundo está delante de un madero y a la vista de quien lo ha sentido, o sólo tiene fe en Dios, porque sabe que él, está en él.
jueves, 3 de junio de 2010
Sonidos de silencio
.
COMO UN INSENSATO
PUSE MI DEDO EN TU
HERIDA
CON MIRADA PRUDENTE,
NO DIJISTE NADA.
A quién calla
con toda la razón del mundo...
COMO UN INSENSATO
PUSE MI DEDO EN TU
HERIDA
CON MIRADA PRUDENTE,
NO DIJISTE NADA.
A quién calla
con toda la razón del mundo...
martes, 1 de junio de 2010
Presente es sentir
Me angustié por lo que no tenía. Deseé sueños que parecían inalcanzables y me perdía en un mundo de complejos. He buscado la verdad y la mentira pero sólo tenía dudas existenciales. Me he preguntado infinidad de veces cosas tan simples que te harían reir y con todo ello, me he creado un mundo interior que ahora adoro. Abrir y descubrirse a uno mismo es la aventura más maravillosa aunque las espinas de la vida se claven en el corazón. Sentí el amor de una forma tan honda que no me he curado de mi romanticismo y...también he odiado por cosas que solo dan dolor. El laberinto de lo que fuí me ha llevado a comprender cosas y a descubrir mis virtudes; apreciarlas en su medida y sentirme más cercano a tí. Anhelé vivir el segundo a segundo con felicidad perdiéndome por caminos de pasos perdidos y aún hoy me dice la gente que vivo en el pasado cuando escribo una cosa que, no creo que sea del todo cierta. Disfruto escribiendo en todos los tiempos de mis verbos y además me paseo en todos los estados de mi ánimo con tanta libertad que soy feliz de una manera consciente y poco precavida. Gracias a este texto de pasado, presente y posible futuro, me he recreado con cariño por lo que soy en realidad. Mis pasos encontrados están en tu mirada y la mia pues nuestros ojos se pasearon por un texto lleno de presente y cargado de cariño ya que este sentimiento, siempre es y será ahora...
domingo, 30 de mayo de 2010
Los apuntes de nuestro pensamiento
Lo eterno es aquello que una vez se perdió sin valorarlo. Quizás descubrir no esté de manos de los más sabios sino además, también de toda la gente común; de aquello que una vez hemos pensado y lo dejamos escapar de la forma más inocente; de la genialidad de lo que somos en muchas ocasiones y no es fruto de la cultura ni tampoco depende de un test de inteligencia. Es la manifestación de una verdad que nace más allá de lo que quisieramos alcanzar para atarlo a nosotros mismos. Es esa sabiduría que nos mece cuando menos lo esperamos...
Para Ana y tantísima gente que alcanza por un momento
lo inalcanzable...
Para Ana y tantísima gente que alcanza por un momento
lo inalcanzable...
lunes, 24 de mayo de 2010
Háblame de aquello que una vez sentí. De atardeceres y de infancias; de bellos recuerdos que se escoden como chiquillos que juegan al escondite. Sácame de esta tarde insalobre con exceso sabor a vinagre. Saca mi imagen al espejo de mi imaginación y muestrame con tus pupilas...Dime porqué me emocionaba o porqué mi pensamiento le hizo ese guiño al presente. Recreame esta tarde con olor a enfermedad del alma...Vuélveme aunque me hagas llorar y paseame por donde todos esos rincones que me guardas y me hablas al oido. Enséñame otra vez el valor de mi vida...de mis recuerdos más acogedores nunca mejor en este momento...
A mi memoria...
A mi memoria...
domingo, 23 de mayo de 2010
La pesadilla
Daban las cinco de la madrugada y el sueño se hizo de nuevo con él. Quizás su tristeza consistía en no pegar ojo en toda la noche y a esas horas, el silencio también era soledad. La oscuridad se hacía tan fría como helados tenía los pies y el sueño después de tanto rato, se hizo muy profundo...
Con la llegada del amanecer su mente entro en otra fase de ensoñación. Aquella pesadilla le envolvía en una trama cargada de un surrealismo vertiginoso; como si la vida fuera un laberinto donde todo pasa tan aprisa e interminablemente como el peor de los presentimientos...Aquella pesadilla jugaba con el como las sombras del principio. Empieza así:
"La subida a aquella montaña se hacía agotadora. El sudor resbalaba como gotas de lluvia por la ventana y al llegar a la cima, se sorprendió porque le esperaban un innumerable grupo de personas vestidas con ropas de fiesta. Todos le sonreían y aplaudían sin decir nada. Le dieron una copa de champán llena de agua y el lo agradeció sin dejar de preguntarse que era lo que ocurría... De entre todo aquel gentío, salió una chiquilla menuda que le tomó de la mano para conducirlo a una gran esfera de goma trasparente. Allí, había un hombre con una bata blanca que le invitó a entrar en ella asegurándole que no le pasaría nada. Por la boca de Daniel solo pasaban interrogantes de los que nadie respondía y aún así se limitó a obedecer. El supuesto científico lo acomodó en el centro de la esfera y lo rodeó de cinturones de seguridad transparentes también. Entonces Daniel mostró algo de resistencia pero alguien le puso una inyección para calmarlo y empezó a sentirse bien; cada vez mejor. Gracias a esa droga todo le parecía bello y admisible.
La gente rodeaba la esfera y le decía adiós con aplausos y vítores. Ahora sólo se sentía bien. El hombre de bata blanca salió de aquella burbuja atravesándola como por arte de magia e hizo una señal para que aquella enorme esfera comenzara a rodar montaña abajo.
Su cuerpo giraba en todas direcciones sin sufrir ningún daño. La esfera chocaba contra enormes rocas dando saltos vertiginosos para volver a rodar por increíbles pendientes. Dentro el sonido era sordo y la mirada borrosa. Daniel empezó a gritar como un desesperado. Unas veces aparecía en su mirada el sol y otras la tierra tan árida como un desierto. Todo tan vertiginoso que empezó a perder el sentido hasta desmayarse...La bajada tan solo duró dos minutos escasos y la burbuja siguió rodando velozmente por un descampado. Fue entonces cuando en medio de la nada surgió un enorme muro hecho de sillares de piedra tan negros como la noche provocando a la esfera una colisión brutal y rechazando a Daniel a varios metros de distancia hasta detener aquella pelota de goma en la misma posición original. Su desvanecimiento desapareció instantáneamente y respiró profundamente. Aquella esfera desapareció y se vio sentado en mitad de aquella tierra con un gigantesco muro delante.
Miró a su alrededor tratando de averiguar donde se encontraba. Aquel paraje le era completamente desconocido y el muro era tan grande como su duda de saber que era lo que realmente sucedió. Pasaron unos minutos y por fin decidió largarse de allí. Al ponerse de pié, tres muros iguales al primero surgieron de la tierra formando un recinto cuadrado. En pocos segundos la noche apagó el día y entró la oscuridad. Tan sólo se podían ver los cuatro muros que parecían emitir luz en medio de esa noche y Daniel, estaba vencido por la impotencia de no poder escalarlos. Alzó un brazo examinando con la yema de los dedos el saliente de los sillares y su sorpresa así como su alivio le hicieron sonreír. Al ejercer una pequeña presión sobre el borde de la piedra, su cuerpo se elevaba carente de peso y la subida como la bajada de aquel muro, se hizo en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando le dió la espalda al muro comprobó que el paisaje había cambiado por completo. El cielo estaba estrellado. La Luna salía por un horizonte más cercano y todo el campo estaba cubierto de vegetación. Le parecía fantástico y la noche invitaba a dar un paseo. Respiró hondamente impregnando su olfato con el perfume del Jazmín y así caminó durante un rato. No sintió soledad ni agobio de estar perdido; todo era agradable e incluso no hacía frío. Apenas sin darse cuenta entró en un lugar boscoso y quiso dar marcha atrás pero por más vueltas que daba no conseguía salir de allí. La frondosidad de los árboles no dejaban pasar a la luz y el ambiente comenzaba a agobiarle. Se escuchaban toda clase de ruidos provocados por las alimañas del bosque. Sus ojos se abrieron de par en par mirando en todas direcciones. La temperatura bajó considerablemente y sus pasos perdidos y pesados huían de algo que parecía que lo observaba a cada instante. La falta de atención y el miedo no miraban donde pisaba. La suerte volvía a jugar en su contra y cayó deslizándose por una pendiente cubierta por una escurridiza lona de plástico. Era completamente imposible poner freno a aquella caída así como la angustia que sentía por no saber donde llegar. Sus manos no encontraban nada a que agarrarse y los pies se deslizaban por un tobogán con zapatos de charol hasta que, llegó al final de aquella pendiente. Su agotamiento le hizo quedarse quieto y poco a poco, el corazón y respiración tomaron su ritmo normal. Un pequeño arroyuelo pasaba cerca de el. Sus aguas emanaban una especie de vapor pestilente que ascendía lentamente. Caminó con mucho cuidado siguiendo el curso de aquella corriente sin poder encontrar una salida en aquel barranco cubierto de plástico.
Los pasos perdidos y la falta de luz le hicieron caer de nuevo por un túnel tan profundo como el infinito; tan perdido y olvidado como el lugar donde estuvimos en otra vida.
La velocidad del deslizamiento aumentaba con inexplicable rapidez. El grito se perdía en la oscuridad. La incertidumbre era aún mayor y sólo sabía que se encontraba ahora en la nada del mundo; en ningún lugar sin memoria; donde la existencia pudiera ser que fuera una mentira. La salida del temible túnel le hizo entrar en otro tiempo pasado. Después de salir despedido y caer sobre un suelo que apestaba a vino y vómitos, descubrió a unos individuos borrachos y a uno de ellos que reparó en su presencia. La cabeza de Daniel comenzó a darle infinitas vueltas por aquella confusión hasta caer desmayado contra el suelo.
Cuando recobró el conocimiento, vio que estaba echado sobre un frío suelo de mármol. Había gran cantidad de gente a su alrededor riendo y aplaudiendo sin cesar. Cuando Daniel quiso saber quienes eran al volver la cabeza, supo que eran las mismas personas que encontró en lo alto de aquella montaña. Todo era una fiesta y felicitaciones. De entre aquella gente salió la misma pequeña que le cogió de la mano. La pequeña, al contrario de todos, lloraba amargamente señalando con su dedito a la pared. Daniel descubrió horrorizado que venía hacía unos instantes de ese tiempo y que había estado allí. En la pared estaba colgado el cuadro de "Los amigos borrachos" de Velazquez.
Con la llegada del amanecer su mente entro en otra fase de ensoñación. Aquella pesadilla le envolvía en una trama cargada de un surrealismo vertiginoso; como si la vida fuera un laberinto donde todo pasa tan aprisa e interminablemente como el peor de los presentimientos...Aquella pesadilla jugaba con el como las sombras del principio. Empieza así:
"La subida a aquella montaña se hacía agotadora. El sudor resbalaba como gotas de lluvia por la ventana y al llegar a la cima, se sorprendió porque le esperaban un innumerable grupo de personas vestidas con ropas de fiesta. Todos le sonreían y aplaudían sin decir nada. Le dieron una copa de champán llena de agua y el lo agradeció sin dejar de preguntarse que era lo que ocurría... De entre todo aquel gentío, salió una chiquilla menuda que le tomó de la mano para conducirlo a una gran esfera de goma trasparente. Allí, había un hombre con una bata blanca que le invitó a entrar en ella asegurándole que no le pasaría nada. Por la boca de Daniel solo pasaban interrogantes de los que nadie respondía y aún así se limitó a obedecer. El supuesto científico lo acomodó en el centro de la esfera y lo rodeó de cinturones de seguridad transparentes también. Entonces Daniel mostró algo de resistencia pero alguien le puso una inyección para calmarlo y empezó a sentirse bien; cada vez mejor. Gracias a esa droga todo le parecía bello y admisible.
La gente rodeaba la esfera y le decía adiós con aplausos y vítores. Ahora sólo se sentía bien. El hombre de bata blanca salió de aquella burbuja atravesándola como por arte de magia e hizo una señal para que aquella enorme esfera comenzara a rodar montaña abajo.
Su cuerpo giraba en todas direcciones sin sufrir ningún daño. La esfera chocaba contra enormes rocas dando saltos vertiginosos para volver a rodar por increíbles pendientes. Dentro el sonido era sordo y la mirada borrosa. Daniel empezó a gritar como un desesperado. Unas veces aparecía en su mirada el sol y otras la tierra tan árida como un desierto. Todo tan vertiginoso que empezó a perder el sentido hasta desmayarse...La bajada tan solo duró dos minutos escasos y la burbuja siguió rodando velozmente por un descampado. Fue entonces cuando en medio de la nada surgió un enorme muro hecho de sillares de piedra tan negros como la noche provocando a la esfera una colisión brutal y rechazando a Daniel a varios metros de distancia hasta detener aquella pelota de goma en la misma posición original. Su desvanecimiento desapareció instantáneamente y respiró profundamente. Aquella esfera desapareció y se vio sentado en mitad de aquella tierra con un gigantesco muro delante.
Miró a su alrededor tratando de averiguar donde se encontraba. Aquel paraje le era completamente desconocido y el muro era tan grande como su duda de saber que era lo que realmente sucedió. Pasaron unos minutos y por fin decidió largarse de allí. Al ponerse de pié, tres muros iguales al primero surgieron de la tierra formando un recinto cuadrado. En pocos segundos la noche apagó el día y entró la oscuridad. Tan sólo se podían ver los cuatro muros que parecían emitir luz en medio de esa noche y Daniel, estaba vencido por la impotencia de no poder escalarlos. Alzó un brazo examinando con la yema de los dedos el saliente de los sillares y su sorpresa así como su alivio le hicieron sonreír. Al ejercer una pequeña presión sobre el borde de la piedra, su cuerpo se elevaba carente de peso y la subida como la bajada de aquel muro, se hizo en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando le dió la espalda al muro comprobó que el paisaje había cambiado por completo. El cielo estaba estrellado. La Luna salía por un horizonte más cercano y todo el campo estaba cubierto de vegetación. Le parecía fantástico y la noche invitaba a dar un paseo. Respiró hondamente impregnando su olfato con el perfume del Jazmín y así caminó durante un rato. No sintió soledad ni agobio de estar perdido; todo era agradable e incluso no hacía frío. Apenas sin darse cuenta entró en un lugar boscoso y quiso dar marcha atrás pero por más vueltas que daba no conseguía salir de allí. La frondosidad de los árboles no dejaban pasar a la luz y el ambiente comenzaba a agobiarle. Se escuchaban toda clase de ruidos provocados por las alimañas del bosque. Sus ojos se abrieron de par en par mirando en todas direcciones. La temperatura bajó considerablemente y sus pasos perdidos y pesados huían de algo que parecía que lo observaba a cada instante. La falta de atención y el miedo no miraban donde pisaba. La suerte volvía a jugar en su contra y cayó deslizándose por una pendiente cubierta por una escurridiza lona de plástico. Era completamente imposible poner freno a aquella caída así como la angustia que sentía por no saber donde llegar. Sus manos no encontraban nada a que agarrarse y los pies se deslizaban por un tobogán con zapatos de charol hasta que, llegó al final de aquella pendiente. Su agotamiento le hizo quedarse quieto y poco a poco, el corazón y respiración tomaron su ritmo normal. Un pequeño arroyuelo pasaba cerca de el. Sus aguas emanaban una especie de vapor pestilente que ascendía lentamente. Caminó con mucho cuidado siguiendo el curso de aquella corriente sin poder encontrar una salida en aquel barranco cubierto de plástico.
Los pasos perdidos y la falta de luz le hicieron caer de nuevo por un túnel tan profundo como el infinito; tan perdido y olvidado como el lugar donde estuvimos en otra vida.
La velocidad del deslizamiento aumentaba con inexplicable rapidez. El grito se perdía en la oscuridad. La incertidumbre era aún mayor y sólo sabía que se encontraba ahora en la nada del mundo; en ningún lugar sin memoria; donde la existencia pudiera ser que fuera una mentira. La salida del temible túnel le hizo entrar en otro tiempo pasado. Después de salir despedido y caer sobre un suelo que apestaba a vino y vómitos, descubrió a unos individuos borrachos y a uno de ellos que reparó en su presencia. La cabeza de Daniel comenzó a darle infinitas vueltas por aquella confusión hasta caer desmayado contra el suelo.
Cuando recobró el conocimiento, vio que estaba echado sobre un frío suelo de mármol. Había gran cantidad de gente a su alrededor riendo y aplaudiendo sin cesar. Cuando Daniel quiso saber quienes eran al volver la cabeza, supo que eran las mismas personas que encontró en lo alto de aquella montaña. Todo era una fiesta y felicitaciones. De entre aquella gente salió la misma pequeña que le cogió de la mano. La pequeña, al contrario de todos, lloraba amargamente señalando con su dedito a la pared. Daniel descubrió horrorizado que venía hacía unos instantes de ese tiempo y que había estado allí. En la pared estaba colgado el cuadro de "Los amigos borrachos" de Velazquez.
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