sábado, 19 de septiembre de 2009

Orígenes

Despertar a la niñez no me cuesta apenas esfuerzo. Pienso que la modernidad, despues de ser moderno, no tiene más años que los sentimientos. Los años pasan y aún así, no el recuerdo de lo vivido. Con frecuencia, la gente se queja de los tiempos de ahora y de lo poco que aprecian los jovenes aquello que es de verdad. Creo que allá en el cielo, Dios dispuso un reino para la niñez aquí en la tierra para que ningun niño ya de mayor, puede decir que no guarda recuerdo alguno de aquello que vivió. Un niño es una esponja que devora la vida y la siente de tal manera, que es imposible que de esta vida, la pasada o la futura, empañen lo que se siente. Violeta Parra canta en una canción aquello de..." Lo que puede el sentimiento, no lo ha podido el saber, ni el mas claro proceder ni el mas ancho pensamiento...".
Nuestro camino va abrazando recuerdos y conforme van pasando los años, solo perdura aquello que hemos vivido en la lejanía, no lo de ayer. Hoy tengo 41 años y doy gracias de mantener el sentido más noble noble que ahora me ayuda a vivir: " La virtud de no matar la capacidad de aquello que impresiona el presente ". El placer de imaginar lo vivido, me muestra fieles imagenes de aquellos segundos que siempre perduraran...el olor, el color, el sabor, las fotografías, el tacto de aquello que he sentido. Consevar la juventud del corazón es cosa de nuestra naturaleza y del empeño que pongamos en esta vida. Mi amigo Pepe (profesor de filosofía) está jubilado por la edad pero no de juventud. Ayer me envió un texto para continuarlo y yo insisto en no continuarlo. Prefiero que esas vivencias tengan la prolongación de otro recuerdo: La de sus nietos por recordar a un hombre que antepuso el querer saber vivir ante todo... El texto dice así:
"El otoño no entraba. Salía el verano. Bajaba la temperatura. Los vientos se removían. El cielo se llenaba de nubes oscuras y llovía. En la escuela se mezclaban el olor de la tiza, el de los restos de barro que llevábamos en los zapatos cuando se resecaba y el primer olor de los cuerpos cuando las ventanas se cerraban porque entraban corrientes frías de aire. Ëramos niños todavía y las estaciones venían para quedarse. Eran largas, interminables. El curso comenzaba y la escuela era nuestro destino para siempre.Nunca íbamos a crecer".

Nunca crezcas amigo Pepe.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Dicen que la sensibilidad es la facultad de percibir estímulos, externos e internos a través de los sentidos, y estoy de acuerdo en ello, al igual que en la profundidad con la que transmites tus, sensaciones, tus recuerdos, lo que la gente te dice y te cuenta. Por que tu amigo Pepe, como algún otro forma parte de nosotros, por la dedicación y el empeño que tu le pones a todo.
Namyra.

Lola Baena dijo...

Hola, escribes muy bonito.
Soy la hermana de Luis Javier Baena, me dijo que viera tu blog y me ha encantado, te invito a que entres en el mio.
http://lolbg.blogspot.com/

Sigue escribiendo asi de lindo.