lunes, 27 de julio de 2026

Hay quien olvida su raíz

 

 Tao Ling fue el maestro mas humilde del mundo y sabedor del futuro. Vivía solo de lo que necesitaba para unos días y no pedía mas. De estatura pequeña y delgada complexión, vigilaba el mundo cuando entraba en el infinito de su corazón. Viajaba de ciudad en ciudad y moraba donde podía sin molestar a nadie pues su unión con el mundo se expandía allí donde alguien lo requería. Nació con la sabiduría adquirida de la mano de Dios. Su frágil aspecto no tenía nada que ver con la enormidad de su corazón y de su videncia sobrenatural...

El hombre mas poderoso del mundo sabía de su existencia y lo conoció desde pequeño. Nació en un barrio humilde allá en lo profundo de Estados Unidos y era despierto, inteligente y sensible a todo. Conoció a Tao Ling por casualidad cuando su pelota se perdió en un callejón de la gran ciudad y fue a parar a los pies del maestro. Desde entonces sus visitas eran frecuentes pues en cada encuentro hallaba una verdad sólida. Tan fue esta unión que entre él y el maestro se creó un cordón umbilical con una comunicación que los mantenía unidos hasta el final.

El hombre mas poderoso del mundo se hizo presidente de su país. No había nadie con mejores intenciones y la gente lo amaba porque el mundo experimentó una mejoría por venir del buen corazón. Cada noche el hombre mas poderoso del mundo a las 2 de la madrugada, hablaba con su maestro a través de ese cordón umbilical.

Sin embargo a pesar de todo estalló una guerra de grandes proporciones y el mundo tembló. La unión con su maestro desapareció y el hombre mas poderoso del mundo entró en una dinámica de guerra. Pasaron los años, la gente pasaba hambre y enfermedades y el gobierno de estado estudió usar la bomba atómica y el hombre mas poderoso del mundo, dio su conformidad...

Aquel día, el presidente de los Estados Unidos a las dos de la madrugada quiso hablar con Tao Ling y pudo hacerlo. El maestro le dijo que estaba en Atlanta en el barrio mas pobre de la ciudad y que la bomba debía de ser lanzada en un punto determinado del océano. Donald Trump obedeció sin saber el por qué.

La bomba estalló y no hubo victimas porque allí no había nada de nada. El presidente de Estados Unidos tuvo que claudicar porque dejó de ser poderoso y nadie daba ya un céntimo por el país por llevar la guerra a ese extremo.

A la mañana siguiente, el maestro Tao Ling apareció acribillado a balazos en un rincón cualquiera de Atlanta.

 

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