domingo, 1 de noviembre de 2026

Como un gato sin dueño, la muerte nos acompaña.

 

 Llega ese momento donde uno repara en muchas cosas y nada en concreto. Uno se desliza por su pensamiento para hacerse compañía y las imágenes cargadas de recuerdos desfilan donde solo hay un silencio. Muchas veces pienso que el sentimiento es un reloj que no lo escuchas pero sí lo sientes...y llega la noche como un grito de soledad.

A veces estar cansado te obliga a no detenerte en nada porque lo que buscas es tranquilidad; cuando ese desasosiego te invita a irte pronto a la cama y no quieres saber nada de nada. Esta noche el cementerio está iluminado con miles de fotografías de gentes del pasado que miran a la cámara fotográfica con ojos que te miran a ti si los ves. Ese silencio es frío con sabor a muerte. A veces me imagino la soledad del inerte; un silencio eterno del que nadie escapa. Gentes del pasado me miran con ojos fotográficos donde en un pasado si tenían vida y ahora silencio sepulcral.

Me pregunto de continuo cómo y de qué manera será mi último minuto. Si será doloroso por enfermedad o me anestesiarán por medio de la eutanasia...Si la muerte viene sin previo aviso y en el acto o será mi agonía quizá en soledad apartado del mundo hasta que me encuentren muerto.

Un silencio frío recorre hoy mi pueblo cuando esta noche, tan sólo quiero dormir para despertar mañana...Si Dios quiere.

Buenas noches. 

 

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