viernes, 9 de agosto de 2013
Un baile compulsivo
No sé muy bién cuanto tiempo hace que no bailo. Recuerdo a mi hermano que se avergonzaba de mí por ver a 1.83cm bailar de esta forma tan destartalada.
Todo ocurrió un día de fiesta de Navidad. Mi colegio cantaba villancicos o preparaba obras de teatro y yo, debutaba como bailarín al son de los Bee Gees. Recuerdo la foto de aquel maldito single donde John Travolta disparaba su dedo al cielo en medio de una discoteca con luces multicolores y las chicas de mi pueblo se lo comían a besos. Yo por entonces era un chico atractivo...elegante...con clase...golfillo como debe de ser...Total, un tio con gancho al que las chicas soñaban con el de la forma más coqueta y permanente. Mi profesora me animaba por creer en mí dotes para el baile y todas las chicas de mi clase se me ofrecían por acompañarme y hacer coros a este jilipollas (me refiero a John Travolta)...
En el día del estreno no se cabía de gente en el salon de actos. Mi profesora tenía fe en que todo saldría bién y las chicas de mi clase se sabían de memoria cada paso y pirueta...Por el megáfono, la chica de moda de la clase me anunciaba como el John Travolta de Rute (cosa que esa presentación no me agradaba lo más mínimo)y la música comenzó a sonar. A veces pienso si mi sentido del ridículo se debe a ese baile estrafalario; mover mi piernas de alambre como la gallina turuleta o por escuchar los silvidos y las protestas más oscenas del distinguido público. Total un desastre... Sin poder evitarlo aquella actuación marcó mis dotes expresionistas y ahora sólo bailo en privado. Me da verguenza recordar aquel show y mi profesora nunca jamás me refirió nada de nada...y tampoco mis compañeras de baile. Aquello quedó oculto y sin opinión durante el resto del curso; como un familiar que omite la verguenza de su familia...
Pero esta tarde me dió el gusanillo de volver a bailar. Me he comprado un CD maravilloso y aquí, solo en mi casa, mis piernas me recordaban aquellos pasos de baile y he de reconocer que me he sentido feliz. Si me vierais con qué estilo muevo mis piernas y me agacho y me levanto, salto y corro por mi salón, parece que estoy corriendo detrás de los perdigones por el campo. Ahora os dejo, que tengo que bailar...
Desengaños
Me sucede que la mayoría de las veces mis gestos tienen caducidad. Siento un vacío que tengo que llenar, como si la fuente de mi corazón se agotara si no la siento fluir...En otras ocasiones, necesito desahogar mi corazón que se hace tan grande como a un globo que le sobra el aire; a punto de estallar. No es nada especial lo que hablo pero este sentimiento, se tiene que renovar de alguna manera. Desahogo mis pensamientos buscando reflejos de verdad y mis vacíos, se llenan hasta que caducan de nuevo.
Las personas no podemos vivir solas. El contacto humano se hace necesario y ser correspondidos nos da ese apoyo para seguir adelante. Descubrir la falsedad y tener el desengaño de la persona que se estima, hace que me aisle con desconfianza. En estos días son motivo de curar heridas. Es difícil encontrar autenticidad sobre todo cuando recibes el desengaño que viene de un ser querido. La falsedad es sufrida principalmente por quien la causa y yo, tengo el problema de hacer su problema mio. A veces siento que mis gestos tienen caducidad...
jueves, 8 de agosto de 2013
Domingo Guzmán
Desde hacía unos días, Domingo recordaba aquellos días de verano. El calor del medio día, las puestas de sol, la piscina municipal, el helado de hielo por 5 pesetas, la intimidad de sus pensamientos... Tantas cosas en detalles que daban su fruto en momentos de nostalgia. Sin duda aquellos años fueron muy felices. Su memoria fotográfica guardaba instantes y sin saber por qué, regresaban con toda nitidez y sin fecha señalada. Los sentimientos se clasificaban con cada recuerdo como si fueran el sabor de un caramelo o el tacto de sus manos grabado para siempre...
Pasaron aquellos años de tiempo lento, de detenimiento para su sensibilidad y riqueza de espíritu. Cualquier cosa era motivo para volver atrás por necesidad de haber vivido. El origen de su identidad se unía a su memoria y sus recuerdos, al mundo entero. Domingo formaba parte de un entramado que enlazaba con otras memorias; otras gentes...sus amigos, su familia, gente desconocida y tantas cosas indivisibles que le hacían no sentirse solo. Sin duda la nostalgia tenía también tristeza. Volver a todo lo que de alguna manera formó parte de el era como lanzar una piedra al horizonte; verla volar en una parábola perfecta y perderse Dios sabe dónde...La emoción y la nostalgia; lo dulce de la tristeza hecha melancolía era algo inevitable cuando volver al pasado, es como regresar al origen...
miércoles, 7 de agosto de 2013
Anotaciones
Siente el placer de lo agradable
...de lo sencillo en lo peor...
Nunca digas que te rindes.
Saca tu voluntad en la bondad.
Jamás tomes asiento
a medio camino...
Lucha por lo tuyo y
en el silencio,
siente a tu corazón.
Que el fruto de tu pensamiento,
sea claro como el alma y
el amor, una forma de vivir.
Valórate en su justa medida
porque de esa manera, crecerás...
La recompensa del esfuerzo
suele ser envidiada
por quién no miró por su vida...
De todo lo pasado al presente
Volvió. Paró en el camino y aun así, el tiempo seguía y seguía...El olvido de tantos años atrás se convirtió en fantasma como una pesadilla en el sueño. No recordaba apenas nada de lo vivido cuando todo pasaba arrasando la existencia; cuando la enfermedad no distinguía noche ni día; cuando el dolor del alma se hacia denso y espeso. El corazón se despedazaba en delirios y alucinaciones intentando reponerse por buscar un respiro. La realidad se disfrazaba de sueños y los sueños en pesadillas. Volvían momentos de dolor como miedos que se anclan en el nacimiento de la razón; perturbando todos los sentidos cuando se abrazaba a la nada por no tener donde asirse...
Aquella angustia se hacía longeva y el tiempo pasaba sin darse cuenta de lo todo por vivir. Ahora volvió. Paró en el camino y se miró al espejo. Sus ojos hablaban de cosas sinceras y muy tristes. El pelo era blanco como la nieve y su expresión, cambiada porque de un momento a otro, en su mirada nacería una lágrima...
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