"Una promesa nunca desdice a una persona y tampoco un sacrificio que supone la mejor voluntad ante Dios"...
Gregorio marchaba para casa pensativo. Aquella sentencia del cura de su parroquia lo invitaba a una promesa porque quería que España ganara el mundial de futbol ante Argentina...Faltaban dos días para el encuentro y Gregorio prometió santificarse ante cada motivo religioso que encontrara en el camino alzando su corazón y España, ganó el mundial.
Pasados unos días, Gregorio se enamoró de una chica. Con el efecto de una promesa cumplida, prometió santificarse e hincarse de rodillas ante cada motivo religioso que se encontrara y el día que Rodrigo le confesó su amor, ella le dijo que sí.
Por motivos de diversa índole, Rodrigo se aficionó a las promesas. Pedía por premios de lotería, pedía por salud, pedía por trabajo y pedía y pedía hasta que su cabeza se convirtió en un rosario de promesas. La gente del pueblo se asombraba ante las cosas extrañas que Gregorio hacía por la calle y en cada gesto, había una promesa...Para colmo de sus colmos, a Gregorio le tocó la lotería. Su reciente novia no daba a crédito a las promesas de su novio y ante tanta magnitud de promesas cumplidas, Gregorio amplió mas y mas sus promesas invirtiendo ingentes cantidades de dinero en proyectos cada vez mas increíbles... Pero la buena suerte cesó.
De la noche a la mañana quedó arruinado, sin novia y enfermo. Los tiempos de bonanza cesaron. A Gregorio le iba a estallar la cabeza de un momento a otro. Probaba con nuevas promesas añadidas y la ceremonia de cada promesa se confundía una con otra. De esa manera acabó desquiciado porque no podía evitar cada gesto donde ya no sabía un por qué o un para qué.
Enfermo sin remisión pasaron cuatro años sin pena ni gloria. En el Hospital ya lo conocían por sus gestos maníacos compulsivos. Llegó la final de otro mundial. Gregorio apuntó con su dedo al televisor y, se echó a reír...
2 comentarios:
Muy bueno. La obsesión no compensa. Un beso
Lo mejor que hizo fue tomárselo con humor. Un abrazo
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