En los albores del S.XXI, Dios volvió a nacer. No quiso estrella fugaz
en su nacimiento ni tampoco una Semana Santa; tampoco profetas ni
discípulos, tan sólo queria vivir una vida cerca de la gente llana sin
más...
Su familia era de clase media en un barrio trabajador con delincuentes,
malos tratos, droga, paro y mucho corazón para la gente humilde. Sus
padres, María y José se querían a pesar de alguna riña o infidelidad
ocultada; le pusieron Jesus en nombre al padre de José: su abuelo. A
pesar de las tiranteces del poco dinero, Jesus vivió y se educó en una
ciudad de un país como cualquier otro país en libertad entre comillas...
Fué a la escuela muy a regañadientes porque no se quería separar de su
mamá y fué muy revoltoso para educarlo. Jugaba a las artes marciales y a
la guerra como cualquier niño. Aprendía cosas de la vida al ritmo de
cualquier compañero y sufría los desengaños de cualquier niño. Abrió los
ojos a las injusticias de la vida muchas veces advertidas y otras
vividas. A pronta edad conoció el sexo gracias a la televisión y a los
archivos de ordenador que le pasaban los amigos cuando sus padres no
estaban en casa. A los 13 años se fumó su primer cigarrillo y a los 16,
se enamoró de la chica más bonita del barrio. Jesus no sabía que era
Diós en su corazón, tan sólo un chico más en aquel barrio de su
ciudad...
Antes de ser mayor de edad, le gustaba el Ron con Coca-cola y soñaba una
vida mejor para el, sus amigos y toda su familia...No quiso estudiar y
tuvo que buscar trabajo por labrarse un futuro y ayudar a sus padres en
los gastos de la casa. Sabía que traficar con droga supondría buenos
ingresos o, el cotrabando de cigarrillos americanos o alcohol pero, no
se decidió...Trabajó de camarero, de carpintero, de portero de
discoteca, de lavacoches, asistente de enfermos y barrendero pero, nada
le complacía; estaba perdido sin una orientación profesional para llenar
su vida...
Con 20 años despues de algunos ligues, conoció al amor de su vida. Se
llamaba María Magdalena y antes que el tuvo varios novios. Jesus la
amaba y ella a el también. Hacían el amor sin preservativo ni pildoras
hasta que María Magadalena quedó embarazada como fruto de aquel
superlativo amor.
María Magadalena era costurera y ama de casa y Jesus, pluriempleado sin cotizar a la seguridad social.
Por estos mundos de Dios, Jesus conoció la pobreza y la riqueza de las
gentes; la injusticia y lo bajo que puede llegar a ser el ser
humano...Recorrió los bajos fondos de la ciudad para alimentar a su
mujer y a su bebé exponiendo su vida con valor por ser cabeza de familia
pero, se sentía en medio de una jungla donde la gente estaba cada vez
más sola y sin recuersos. Se compadecía de los pobres, los drogadictos y
de la gente superficial; se entristecía de las personas sin techo por
la guerra y de cada sin razón a la que no encontraba razón alguna para
desposeer a la persona de algo esencial como el derecho a vivir con
dignidad...
Tuvo depresión, ansiedad y hasta quizá en algún momento rozó la locura.
María Magadalena sufría por el y su hijo. Le cubría de besos y caricias
haciendo el amor con la entrega de lo más sublime...Jesus ya no estaba a
veces en el mundo y tenía pesadillas premonitorias sobre el destino del
mundo con todos sus avances, cambio climático, guerras y gobiernos...Se
le presentó un ángel para decirle quién era y Jesus lloró profundamente
hasta que de sus lágrimas fluía sangre bendita de dolor.
María Magadalena no sabía que hacer. Sufría por su marido y su hijo
estaba dispuesta a dar su vida en la incertidumbre de un futuro oscuro;
lleno de maldad en un tiempo terrible de enemistades, envidias y
ostracismo por ser de clase humilde.
Jesus sabía de su condición y también de sus limitaciones para hacer un
milagro ya que nació para vivir una vida como cualquier ser humano.
Debido a la tensión nerviosa, Jesus tuvo un derrame cerebral y gracias a
ello, vende ahora cupones de minusválido en la puerta de unos
ministerios mientras María cose vestidos por encargo...