La formación religiosa puede liarnos cuando nos quieren meter en la
cabeza algo que no vemos en el corazón. Nos quieren imponer normas y leyes
que muchas veces no nos convencen y nosotros buscamos un por qué ante tal dilema. Hay gente extrema que nos quiere inyectar su creencia como algo
que es tajante sin mas...Miles de libros justifican la existencia de
Dios y otros miles dicen lo contrario. Han habido guerras y
persecuciones y gentes asesinadas sin un porqué...
Yo he conocido
a Dios en primera persona pero ¿quién me cree? tan solo quién lo ha
conocido. ¿Entonces con esta verdad que albergo en mi corazón es motivo
de imponerla? pues, para nada...NO.
El corazón de las personas es
muy delicado para manipularlo si no sienten su verdad para tener Fé en
Dios. Intento ser buena persona a cada paso que doy y aún así cometo mis
errores garrafales. Conocer a Dios no es un patrón sino una buena
voluntad de ser justo contigo y con los demás. Buscarlo como yo lo
encontré fué por medio de la oración en soledad y silencio pero
cualquier persona lo puede encontrar de las formas mas variadas.
Desde siempre nos motiva Dios para crearnos unas dudas garrafales cuando la respuesta está en lo más sencillo.
Miró por el espejo retrovisor y observó, con cierta curiosidad, a la
mujer que acababa de sentarse en el asiento trasero de su taxi.
Aparentaba tener unos cuarenta años, pero conservaba cierto atractivo y
sobre todo, un aire de distinción. La mujer, con la mirada perdida,
parecía estar ausente y comprendió que sería inútil esperar a que le
indicase a qué lugar se tenía que dirigir: -Dígame, ¿Dónde la llevo? Ella, sin apartar la vista del suelo y desde la tristeza, contestó con una sonrisa: -Vengo del lugar equivocado, así que, por favor, lléveme a…ninguna parte-.Acto seguido, rompió a llorar. El
taxista, que no tenía un buen día, no sabía que decir. Cuando ocurrían
esas situaciones tan delicadas con sus pasajeros decidía mantenerse al
margen y, por respeto, se limitó a conducir. Por fin le dijo: -Señora,
hoy tampoco es mi día y si sigue llorando me va a contagiar. ¿Quiere
que ponga música?, a veces ayuda y reconforta en los malos momentos-.
Pero ella, rompió a llorar aún más. Se hizo el silencio durante cinco
interminables minutos, hasta que con un hilo de voz ella dijo entre
sollozos: "Perdóneme pero, es que, a veces parece que el corazón se
rompe. Hoy es día de despedidas, aunque también de reencuentro conmigo
misma. A veces, los sentimientos se hacen tan grandes como un globo y
estallan buscando una salida… Pero, ya me siento mejor, gracias.
Discúlpeme, ¡que tonta soy! Con razón dicen que los taxis son
confesionarios ambulantes -dijo ahora con risa nerviosa- Dígame: ¿Cómo
se llama usted?” -Me llamo Andrés -contestó el chofer-. Me ha dicho
que la lleve a ninguna parte, ¿sabe que en esta ciudad hay un lugar que
se llama así; "Ninguna Parte"? La mujer, contrariada, pensó por un
momento que el taxista quería tomarle el pelo, pero antes de que
protestara, éste se apresuró a decirle: –Se trata del lugar al que
van los enamorados con sus coches buscando intimidad. Un sitio que no
conduce a ningún otro sitio. Por eso le llaman “Ninguna Parte”-. Ella
sonrió y Andrés pudo ver dibujada en su cara una mueca de gratitud. -¿Qué
música lleva usted en el coche?... Ah, perdón no se lo había dicho, me
llamo Mary. Quiero ir allí, por favor, lléveme a ese “Ninguna Parte”. El
taxista intentó convencerla de que aquel sitio no tenía nada de
especial y que estaba bastante alejado, pero ella insistió. El sol,
las altas temperaturas y el terreno árido, convertían a “Ninguna Parte”
en el escenario de una película del Oeste. El suelo estaba repleto de
preservativos, botellas de mil licores y cómo no; envases de Coca-cola.
Ningún otro lugar expresaría mejor la soledad y el desencuentro. Andrés,
intuitivo y preocupado, sin saber qué es lo que Mary esperaba encontrar
allí, pero recordando las inquietantes palabras que ésta había
pronunciado (“hoy es día de despedidas…”) le dijo con una ternura
imposible de describir: -El problema es que la mayoría de las veces
no sabemos hacia donde debemos mirar. Aquí, en “Ninguna Parte” también
hay belleza, pero no está en el suelo que pisamos, sino arriba donde no
miramos, justo encima de nuestras cabezas, en ese cielo donde cada
estrella lleva cada noche el nombre de un amor diferente. -“Por favor -le dijo al taxista- lléveme de regreso al hospital psiquiátrico. Llevo mucho tiempo fuera y me estarán buscando”. De
vuelta a la ciudad Mary le pidió a Andrés que pusiera cualquier música
que le recordara ese lugar. Él no lo dudó ni un instante...Charlie Haden
y Pat Metheny tocaron "Spiritual" Con un corazón enfermo que se
burla del destino, Mary, por primera vez ansiaba retomar una vida digna,
acariciar con detenimiento dos segundos de realidad y salir como fuera
de ese hospital con sabor a Haloperidol con Akineton Retard. Antes de
bajar del taxi le pidió a Andrés que le pusiera una última canción, esta
vez en castellano. En el CD se escucho la inconfundible voz de Luz
Casal: "Cuanto más bella es la vida, más feroz es su zarpazo. Cuantos
más frutos consigo, más cerca estoy de perder. Por una caricia tuya toco
el cielo con las manos...” Mary volvió a llorar, sentía que acababa
de encontrar algo de esperanza en las palabras de Andrés, justo allí, en
“Ninguna Parte”.
Paseaba con un fado en el alma...El puerto de Lisboa murmuraba tristezas escondidas en el corazón de los portuarios; hombres que se hicieron a golpes de cada golpe sin recibir recomprensa alguna. El mes de enero se deslizaba con la languidez de quien suspira esperando un amor que nunca llega. La humedad encharcaba mis pulmones de salitre y aquella sirena mercante, escupía vapor por venir de ultramar. ¿Y ella? ¿Dónde está?. Sus versos calaban mi alma con la tristeza de un sueño no cumplido. El sabor de su boca empaparía mi boca con sabor a miel pero, ¿dónde estaban las caricias anunciadoras de sus versos...la suavidad que se desliza cuando mi cuerpo arde tan sólo con la palabra del verso?.
Mis pies estaban fríos como el hielo en este amanecer. Lisboa se despertaba repleta de sueños que se disipan con el timbre de un despertador y ella, tantas veces buscada, me hizo venir de España para probar sus besos como versos.
Me adentro en la ciudad con la niebla que se diluye. Las tiendas de barrio esperan a los madrugadores y una música de fado despereza mi oído. Camino casi a ciegas entre callejas y callejones. Algún borracho tirita por los rincones mas oscuros cuando de una ventana abierta, una mujer desnuda la cruza...¿será ella?. La calle no tiene nombre. La música despierta mi deseo. El perfume del amanecer me embriaga y mi piel, tirita sin abrigo por ser extrangero...No es ella...
Pregunto a una tendera por alguien que se llama CEU y ella sonríe con una sonrisa complice de mi amor. Alza la mirada al cielo y casi al oído me dice: "Ella te espera pero, no caigas en su magia porque olvidarás de donde procedes"...Me señala un piso más alto que la Luna. Llamo al timbre y una voz se embadurna con la calidez que por besarme, ya me hizo suyo...
En otro momento podría escribir algo similar y seguramente podría ser válido. Ahora te descubro en esta noche de primavera. La magia se hace palabra como si fueras aquello que se palpa al fín de tanto buscarte y me hacen gracia los giros de registrarte sin encontrarte ya que no miento ni me miento cuando te invento en el camino de la realidad... Me apareces sin duda limpia como la luz blanca. Palpo cada milímetro de lo hallado, devoro cada momento vivido, me alimentas y de forma gratuita, estos presentimientos son siempre correctos; algo que siempre he soñado en soledad, en silencio, en la incertidumbre de dar fé a la realidad que me aplasta con todas sus mentiras, con todos sus temores...No quiero volver a lo de antes ni a lo después. Tan sólo déjame en el ahora y no me despiertes nunca jamás...quizá me mienta y vuelva a empezar...
Pasaban los años en una búsqueda: la de la sabiduría. ¿Por qué existe gente que de su palabra tan sólo asoman verdades y de él mismo equivocaciones?. Algo debía de ocurrir en el pensamiento del sabio para hablar las cosas con tanto atíno...Él sin embargo, aprendía a golpes que te da la vida con contínuas caídas y desengaños. La sabiduría estaba en algún lugar pero, dónde.
Por medio de la dialéctica asaltaba a los paisanos de su pueblo preguntando el por qué de las cosas; cosas que a veces no comprendía y hasta envidiaba por no tenerlas. Tuvo momentos de felicidad, momentos de estar mucho más acertado con las ideas y hasta amor en la extensión de la pureza pero, su estado habitual dejaba mucho qué desear...Una y otra vez se caía y se levantaba pero ya estaba agotado de tanto buscar en la tiniebla como un ciego sin luz.
Alguien le habló del lenguaje del silencio; de la ausencia de la palabra, de lo inmenso que es el corazón cuando se le sabe escuchar. Tenía sed de vivir y lo único que alcanzaba en esta vida era tener eran complejos...
Caía la noche de primavera con su manto de sabiduría. Estaba en silencio y solo pero el ambiente era agradable en su corazón sincero. Observó el cielo que se poblaba de estrellas. Suspiraba con paz plena de sentir cuando la ventana de su cielo particular se abrió. Su corazón le mostraba aquello que tanto búscaba con sencillez; aquella ventana consistía en mostrar otro infinito como el cielo, silencioso y cargado de respuestas...
La experiencia de la sabiduría dejó atrás a sus dudas porque algo maravilloso y natural fluía de su mismo caorazón tantas veces búscado. El camino a la sabiduría no tenía distancias que recorrer. Preguntaba sus dudas más intimas cuando en breve había una solución sencilla y correcta. ¿Cómo él, un tipo ordinario y corriente; plagado de los peores defectos, podría albergar en su corazón tal manantial de sabiduría?...
El amanecer lo encontró dormido con la mayor de las dichas cumplidas pero, muerto. Dejó este mundo no sin antes conocer lo que tanto buscaba.
Un perfume de rosas entró por la ventana para llevar su alma al cielo y así dar descanso al que a pesar de todos sus defectos, siempre buscó la pureza...y la encontró.
El teatro se adornaba de gentes venidas de todas partes. La elegancia, el perfume, la promesa de que aquella noche de estreno sería todo un exito...
Nada más entrar, a pocos pasos de mi, me vino un perfume de mujer; el mismo de aquel día en que la conocí. Su vestido era de lentejuelas y le llegaba a la cintura la desnudez de su espalda. Justo en el centro, un lunar familiar al que yo besé de eso hace ya tánto tiempo...El cuello lo llevaba adornado con plumas; el mismo que besé hacía ya decadas. Pero, no pude ver su rostro por mas que lo intenté. ¿Sería ella? o quizá el anhelo de un pasado...no lo sé...
Ella se fué al patio de butacas y yo al gallinero como se dice en mi tierra. La acompañaba un señor con sombrero de copa que cuando se lo quitó estaba mas calvo que yo y ella seguía sin mostrar su rostro aunque los ademanes de las manos y la cara, los gestos de la cabeza, la forma de sus manos y su cuello, todo me decía que era ella. Mi corazón se disparaba con las imágenes del pasado; cuando ella estaba desnuda justo a mi lado en aquella casa vacía en la que juramos amor eterno.
Mi compañera se daba cuenta de que nada más comenzada la Opera no le prestaba atención a la escena sino a alguien que yo sin duda conocía pero, necesitaba urgentemente ver su cara porque todos mis sueños después de tantos años velaban mi amor por ella. Le hacían gracia muchas cosas que le contaba y cosas que hacía para divertirla como cuando silbaba en el pueblo a las mozas para que ella se riera; me pedía una y otra vez aquel silbido porque se mondaba de risa...
Casi terminaba el penúltimo acto en la Opera de Viena. Imagínense ustedes donde puse la mirada en aquel cuello de plumas, el lunar de la espalda y aquellos gestos que me encendían como el lucero del alba cuando nos visitaba desnudos en aquella casa olvidada. Mi compañera sabía que algo me sucedía con el patio de butacas pues en las escenas mas románticas ella me tomaba de la mano sin yo reccionar. Necesitaba urgentemente saber quién era aquella dama que la acompañaba un calvo con sombrero de copa...
Sé que está mal lo que hice, lo confieso pero gracias a mi osadía, ahora escribo este relato mientras estoy a punto de hacer el amor en esta habitación de hotel...
Nada más terminar el tercer acto, todo estaba en suspense debido a lo trágico de la escena y yo, como en un arrojo, lancé al viento el silbido que le hacía a las mozas del pueblo. Ya ven ustedes, en la Opera de Viena. Todo el mundo miró hacia arriba y ella, pasados unos segundos, silvó como yo la enseñé.
Mi compañera me abandonó aquella noche y su compañero también. Han pasado apenas tres horas de lo sucedido pero nos hemos reconocido gracias a un silvido; la mejor melodía de dos enamorados en la ciudad de Viena...
Si el ser amado llegara a sentir lo que tú sientes, debes de saber que todas las palabras sobran pues el amor, carece palabra. Miles de recobecos pulularían en su corazón al reconocerte... y si tú supieras lo que él siente por tí, quiza te quedarías sin la palabra al reconocer en su corazón, el idioma de tu corazón...