Eres mi compañera desde hace tiempo, ese mucho tiempo pues en mi recuerdo regresas como algo que me faltaba entonces. No recuerdo el día de la semana, el mes o el año pero ese día nos paramos en Monturque para tomar café con el frío del invierno.
Tu marido atendía sobre las 6/30 de la mañana a la gente y tu servías café. A esas horas el bar estaba bastante concurrido de gente trabajadora y se respiraba humo de tabaco cuando todavía se podía fumar en locales públicos. Aquella mañana antes de salir el sol, no hacía mucho mas que ya estabas levantada. Te cubría una bata debajo del pijama cosa que a nadie le importó porque estabas dedicada a hacer café y estar en bata, no es ninguna indecencia para mostrar. Pero mi sensibilidad en ese momento reparó en algo que hiciste.
Yo pedí un descafeinado de sobre que no estuviera muy caliente y tu llenaste el vaso con leche que estaba caliente. Cuando reparaste en que yo lo quería templado, de espaldas a la gente tomaste mi vaso y le soplabas para bajarlo de temperatura...Ese detalle bajó hasta mi alma como el mejor de los halagos que pudiera hacerme una mujer que ni siquiera conocía. Ese gesto encendía mi corazón y quise tener un recuerdo de aquel instante. Guardé el sobrecito de azúcar ya vacío en mi cartera y no se más de ti pero el gesto de soplar a mi vaso de leche para bajarlo de temperatura, tiene una ternura con ese tacto que me has ganado para siempre en el recuerdo. Con el tiempo, el sobrecito de azúcar se ha perdido pero tu imagen de espaldas a la gente soplándole a mi vaso de leche, nunca se me olvidará...