Al final del chaparrón viene la luz y la calma. El corazón se ruboriza ante la belleza y algo misterioso es lo que lo provoca...Poderoso es este sentir que vuelve a florecer en la primavera de Argentina y Chile... No se qué palabras suceden ante la creación cuando la belleza de mi corazón corre como una liebre por los olivares...Aquí llega el otoño en su sentir... Meulen es mi amiga chilena y también están mis amigos argentimos todos perfumados de primavera. El perfume de flores se expande por sudamérica y aquí pasea con el sentir más puro del otoño. Una confluencia de estrellas chocan unas con otras para dar luz a la noche mientas soñamos en dos hemisferios plenos de palabras para compartir. Confieso esta melancolía de primavera pero adoro el sentir de mi otoño...todo pasa rápido; fugaz pero, el pensamiento del recuerdo siempre se guarda aunque sea en un suspiro del ecuador...
Amo a mi mujer y soy esposo y padre ejemplar. Mi mujer me comprende y mis hijos se preguntan qué es lo que me sucede a menudo. Durante 20 años me he criado entre tornillos, alambres, tuercas y demás enseres del metal. Odio mi trabajo. El negocio no me ha ido mal y gano bastante dinero. Soy la tercera generación en el negocio con buenos productos al mejor precio. Con mi imaginación engaño la desazón de seguir en este negocio. Una chica por ejemplo me compró un cuarto de puntillas y la imaginé haciéndose un piercing en un pezon o, una chica de pelo largo la imaginé haciendose un moño con el alambre que le vendí o,otra chica a la que veía como una negra con el cuello lleno de tuercas...asi paso día a día en este asqueroso negocio...
Llego a casa deshecho y con el bolsillo lleno de dinero. Mi mujer me mima, mis dos hijos quieren que juegue con ellos y yo, soy el mejor esposo y padre del mundo porque también los quiero; les doy lo mejor.
Llega la noche y aparecen los fantasmas; tengo pesadillas constantes. Mis pesadillas son debidas al odio por mi trabajo y siempre sueño que soy un asesino de mis clientes. Mi mujer me despierta y a veces hasta con una bofetada pues no entro en la realidad así como así. He pasado 20 años con ella que me aguanta noche por noche, apollándome, dándome cariño, alentándome...imagínense el castigo de cada noche de año tras año. Cada noche me cuesta más y más despertar de estas pesadillas y mi mujer se desespera, mi hijos se despiertan asustados y los vecinos escuchan mis gritos.
Llegó la noche donde no desperté. Soñaba que sodomizaba a una gentil anciana que de vez en cuando me compra en la ferretería y mi mujer lo sufrió. Le até el cable de la mesilla de noche al cuello mientras ella gritaba y gritaba para que despertara pero no desperté. No la maté de casualidad...de seguido me fuí en pijama a la calle como un poseso de mi pesadilla y golpeaba las chapas de los coches, daba patadas a las puertas metálicas de los portales y hasta agredí a la policía municipal pero, no desperté hasta hoy, otros veinte años más adelante.
Ahora estoy en un psiquiátrico. Sin un tratamiento que cure de las pesadillas del sueño pero que al fín desperté. Mi mujer tiene un hombre negro como pareja y además de mis dos hijos tiene tres mulatos: Naia, Mobuto y Bartola la mayor en honos a su abuela que ya estudia empresariales. He estado 20 años metido en una pesadilla. Mi habitación está repleta de dibujos sobre materiales de ferretería; dibujos que a veces son macabros como meter una cabeza cortada en una jaula para una perdiz...Estoy abatido; sin un futuro ni una felicidad y con temor a quedar dormido por las noches. Mi mujer ahora tiene cinco hijos y una pareja pero yo no tengo nada de nada, mas que las fantasías de un hombre que ha odiado su trabajo en pos de su familia...Tengo 62 años y el mundo ha cambiado. Me dan una mascarilla porque hay un virus asesino y un hombre corpulento y rubio que dice ser el presidente de los Estados Unidos; que Cataluña quiere ser un país y que la gente se muere por cruzar fronteras enpujadas por el hambre y la necesidad. No se qué decir pues yo también vengo de un infierno del cual yo he creado y si duermo esta noche, que nunca más me despierten..
A veces los silencios se deslizan en el no estar. El ánimo es más íntimo y uno va en comunión con su interior quizá sin buscar nada en concreto, tan sólo la soledad...Uno se vuelve más sensible para sus adentros y mucha gente me pregunta qué te pasa hombre...y yo sonrío con una sonrisa falsa; de esa que te dice déjame en paz porque estoy conmigo mismo...
Pasan los días con esta dulce tristeza y con el corazón en la pìel. Pocas ganas hay para otra cosa. Disfruto de mis días de pesca, tengo ganas de echar un día de fotografía, me dan ganas de cocinar y tampoco descuido mi música ni mi trabajo. Todo lo que hago es simple pero estoy muy para mis adentros con este sentir. El silencio es la prolongación del tiempo. Llamo a mis amigos de vez en cuando, pongo una lavadora o simplemente oro en silencio y soledad. A veces tengo un vacío de desasosiego; una especie de ansiedad que me
hiere reclamándome. A veces cesa, otras me acompaña. Parece ser que del
silencio nace de todo lo que se perfuma con palabras... No creo que esta ausencia sea negativa. Es un irtervalo de tiempo donde no estar tiene un significado en mi corazón y nada más...
lunes, 21 de septiembre de 2020
Me quemarán Me consumiré poco a poco. Me harán ceniza para hacerme nada; la nada absoluta... De entre cenizas: Mi corazón y TU NOMBRE.
Hace años escribí algo parecido sobre una mujer que no encontraba el
amor y quiero que ustedes lo lean. Se titula "Complejo de desamor".
Gracias.
Cuarenta y tres años a sus espaldas. Sentirse una vieja cuya vida ha pasado sin dejar su fruto.
El frío de la calle, los hombres que pasaban por su
lado sin mirarla, el amanecer de la mañana...Todo era soledad en la
avenida más poblada de la ciudad.
Caminaba ausente,
con una tristeza en la que su corazón le decía lo rota que estaba. El
rencor, salía de su escondrijo por no tener lo que merecía; aumentaba la
frustración de no sentirse nunca amada.
Los rayos
del sol daban en su rostro... la alentaban en una vaga ilusión por la
incipiente primavera. Sus sueños siempre eran románticos en aquellas
fechas, le hacían huir por momentos de la amargura de no ser querida;
sumergiéndose en la fantasía y descargando su deseo en infinidad de
historias inconfesables.
Detuvo su marcha en el
paso de cebra que siempre cruzaba para ir al trabajo. Los coches pasaban
veloces. Un autobús urbano devolvió a sus ojos el reflejo de las
ventanillas: La imagen estremecida de una mujer llena de soledad y
tristeza. Fue un momento que duro lo suficiente como para que su mente
estallara sin apenas variar la expresión de su rostro.
Dio un paso en falso hacia delante con la intención de lanzarse al
asfalto y ser atropellada. Las lágrimas afloraron a sus ojos dejando
escapar por la boca el llanto de una mujer deshecha. Sus piernas apenas
la sostenían. Se dejo caer de rodillas sobre la acera, sin que nadie se
atreviera o se molestara en acercarse a ella.
Buscador.
A veces la insumisión está en lo cotidiano y en nuestra forma de pensar para actuar a veces de manera que pueda chocar a la gente. No hacen falta grandes escándalos ni sucesos televisivos. Cuando una persona es original, suele chocar con la gente más cercana hasta dejarlos un poco desorientados. Tengo amigos de esa guisa por donde yo también asomo las orejas...Cuando sucede lo inesperado en la forma de proceder, es posible que alguien te siga y haga lo mismo. Como un virus el hecho o la palabra pasa de unos a otros y se puede convertir en moda...Me hace sonreir aquel verano donde todos los amigos nos pegábamos las orejas con Super glue 3 para no ser orejones y aquello fue seguido por más chicos orejones. Lástima que no traspasara fronteras y todo el mundo se pegara las orejas con super glu...Pensándolo bién, muchas modas actuales fueron producto de la insumisión.
Estas tardes están llenas de silencios y detenimientos. Cualquier cosa me hace volver la mirada a un pasado, a un sentimiento o a esa imagen que me visita hasta en sueños...llegan las tardes pausadas y sin prisa; con ese perfume a tierra mojada y mirada vidriosa. Me detengo en la nada abstraido por la forma de una nube o de un pájaro que se demora para llegar a casa. Poco a poco llegan los silencios de la noche y el atardecer mata sus colores anaranjados y rojizos. Lleno mis pulmones con sabor a mascarilla usada como mis recuerdos y al entrar en mi casa, el silencio, siempre el silencio que se perfuma de aire puro cuando me quito la mascarilla.