Esta vida está llena de caídas. Una y otra vez tropezamos ante las circunstancias y nos volvemos a levantar. Pongo aquí un inciso a la fuerza de voluntad que es tan importante...Quejarnos, nos desahoga, vivir para quejarse, nos esclaviza para convertirse en un consuelo que termina en no hacer bien para nadie.
Hay quien se pasa la vida detrás de la barra de un bar: Su anís por la mañana, su cerveza al medio día con su vino y su cubalibre para la tarde y noche para rematar con su borrachera. Pero esta gente sabe mucho de leyes y de la vida de sus vecinos; tienen el poder de la lengua y de la crítica cuando su vida está fracasada en la barra de un bar.
Hay gente que nunca tira la toalla y puede ser que no consigan ( en apariencia) cosas importantes pero, son unos luchadores que nunca se dan por vencido con una voluntad sobrenatural: Ese es mi hermano Miguel Ángel.
Hay momentos donde nos sentimos perdidos en un laberinto que parece no tener fin. Quizá esa Odisea dure años buscando una luz pero quien busca, encuentra.
Sentirse un perdedor es algo grave. La educación emocional, encontrar una seguridad; una confianza con uno mismo, es algo arduo de conseguir según para quién.
Yo vengo de la nada absoluta.
La vida nos lleva por muchos caminos y nos enseña cosas importantes. Buscamos algo en concreto pero en esa búsqueda, hallamos otras verdades. La voluntad no la podemos olvidar ni esperar un milagro o que alguien te saque de un mal paso. Soluciones instantáneas las hay pero la mayor parte de las veces necesitan un tiempo. Nadie en este mundo es menos que nadie y el cementerio está lleno de gente que decían: Yo creía, yo pensaba...
Bertolt Brecht decía:
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