Llegaba septiembre con aquellos días que eran cambiantes. El final de agosto anunciaba el cambio de tiempo y mis amigos, los que venían de vacaciones, se marchaban del pueblo...Ya no se sabía de ellos hasta el próximo verano y mi tristeza aumentaba.
Todos los septiembres me esperaban los exámenes de asignaturas pendientes y aprobaba con buenas notas pero, se acercaba en silencio otro curso, otros profesores, quizá nuevos compañeros y aquel perfume de la clase que aún hoy no olvido...
Septiembre llegaba callado y el verano con una caricia me decía adiós como mis amigos de Madrid y de Barcelona. Llegaban nuevos aires fríos y las mismas caras de la gente que desfilaba por mi calle ausente de tiempo. Recuerdo a ancianas que para mi siempre habían sido viejecitas desde que las conocía, para ellas no pasaba el tiempo...y la luz del día se perdía antes por el horizonte, las aves migratorias huían a otro país y mi tristeza aumentaba como si un nudo de mi garganta anunciara la lluvia de mi corazón...
Pronto sería otoño perfumado a anis y dulces de Navidad. El musgo nacería en las calles humedas de mi pueblo y los sabañones se instalarían en mis manos y en mis pies...
Ahora tenemos un calor insoportable y ya no voy a la escuela. El verano estira sus brazos hasta octubre y hecho de menos esa melancolía de las estaciones del año cuando eran estaciones. Llamo a mis amigos de Madrid y de Barcelona que ya tienen hijos y algunos son abuelos. Me refugio en la intimidad de todo lo vivido y no me miento cuando siento renacer aquel amor que por timidez no llegó a ser nada. Respiro. Sonrío para mis adentros con recuerdos que muchos se pierden en el olvido; como si fueran una canción que no cesa de escucharse para mis adentros y en la televisión, anuncian más calor para mañana...con tormentas...