Los ecos se repiten como los recuerdos. En su conjunto forman parte de un mar de sensaciones donde la palabra está ausente. Profundizo y me adentro con miedo en el mar oscuro de mi corazón buscando la limpieza y la pureza; la ausencia de palabra como cuando una persona se enamora de sus silencios para lanzarse al vacío...Poco a poco entro en el misticismo de mi corazón y fluyo con más confianza en el mar de lo infinito. Respiro hondamente con la conciencia que busca y rebusca en este mar de los sabios sentidos de mis ancestros. Aparecen imágenes, sabores escondidos, el valor oculto, la sabiduría de lo simple y la ausencia de la palabra que por ser un invento, no puebla mi interioridad...
Fluyo en lo infinito en esta ventana que se abre y nada me es ajeno. Todo se comprende y todo se expande como la concienca primigenia. Un agradable sentir me acompaña en este camino sincero que me abre a la enormidad del universo metida en un cerebro; la razón de todo lo inexplicable y el eco que se transforma en primera persona...
Poco a poco abandono la tierra del silencio para regresar a lo cotidiano; al recuerdo que se transforma en un eco que otra persona, jamás comprendería...
Me divorcié porque mi mujer no soportaba más esta forma de vivir y claro, por este trabajo bién remurerado pero, asfixiante...De esa forma vivo solo desde hace 20 años. Mi casa está limpia por una mujer que sólo la veo para pagarle, no debo nada a nadie y no sé por qué, sigo en el mismo trabajo; un trabajo donde veo el amanecer y la caida del sol y durante todo ese tiempo, la luz de mi flexo.
La soledad y el silencio a veces son como una droga estimulante donde te habituas en tu mundo interior para no cambiar. Mi trabajo de oficina requiere mucha atención para salvar cualquier error y creo que en todo lo que llevo, los documentos que manejo están perfectos. Soy muy meticuloso en el detalle de todo lo que vivo y en especial, en el bus que me lleva al trabajo y me trae a casa.
Mi recorrido es largo. Podría irme en taxi pero me gusta la cercanía de la gente en lo que es un día cualquiera. En este bus casi siempre estamos los mismos a primera hora de la mañana y por la ventanilla me sé de memoria cada establecimiento, bar o lugar que se abre o de vez en cuando observar cada persona en una parada que busca otro número y otro destino. Las personas que viajan conmigo al amanecer parecen que son gentes sombrías para incorporarse al trabajo; como ausentes a los que les molesta todo...y a veces hay una chica que coge esta linea los lunes, miércoles y viernes. Cuando la conocí podría tener 20 años y ahora después de 20 años, 40. Le agradezco los buenos días después de tanto tiempo viajando juntos. Al poco de conocerla se quedó embarazada y durante todos estos años, gracias a ella sé cómo va la moda del vestir y hasta los peinados. 20 años dan mucho de sí. Esta chica tuvo una época depresiva, otra feliz y otra a la que yo interpreto madura y mas centrada...
Echo de menos a personas mayores a las que cedía el asiento, a establecimientos que por la crisis cerraron y a tanta gente que nunca la escuché hablar pero que me conquistaron en su forma de ser por ser gentes sencillas.
La vuelta a casa ya es de noche. Mas de una vez me hubiera gustado entrar a aquel bar para emborracharme en una noche loca y invitar a cualquiera pero, soy una persona introvertida. A veces coincidimos esa chica joven que ya no es tan joven para llenarme el corazón con un simple saludo o, le pregunto a alguien por aquella persona mayor que se subía a las 8 de la tarde acompañándola y me dice que murió.
Bajo del bus con el sol despedido en tintes rojos y entro en el silencio de mi casa. La televisión me habla de novedades y para sentir algo estimulante, me doy una ducha. Clotilde me dice que se pasará el domingo para cobrar y que la comida que me hizo está riquísima...
A las doce cierro los ojos y a las 6:45, me espera el Bus urbano de Madrid.
Los sueños nos acompañan a diario; casi a cada segundo...El abanico de los sueños incontables ayuda a vivir en lo cotidiano y forma parte de lo que somos. Pero los sueños no tienen ese sabor de la realidad. Muchas veces, casi siempre, la realidad tiene la consistencia y el sabor de un regusto que no es lo que esperábamos. Puede que sea el desencanto o el desengaño al comprobar ese sabor de la realidad. Sin embargo, la realidad en su sabor nos sorprende a veces grátamente y es más maravillosa que los sueños. La realidad en definitiva, nos hace huir despavoridos o la abrazamos sin condiciones. Cuando el sueño se regodea en aquella nube, la realidad me espera de forma imparcial e implacable...
jueves, 6 de febrero de 2020
Cuando suspiro es una ola que regresa de lo profundo.
Parecían dos enamorados lanzando serpentinas por la borda. Todo anunciaba un buén crucero pero su marido diez minutos mas tarde, se sintió indispuesto. Un joven corpulento se ofreció para llevar al marido al camarote y ella lo agradeció. Lo tumbaron en la cama y el joven que se llamaba John, la invitó a subir para tomar un refrigerio. Se miraron a los ojos con un cosquilleo de mariposas que parecían aletargadas y subieron al Bar...
Pasadas dos horas podría decirse que se conocían de toda la vida. El era soltero y ella según la disposición de su marido, una mujer libre. El Bar ya cerraba y la invitó a su habitación. Tenía el mejor wishkey de Teenessee...
Hicieron el amor a la luz de la Luna que asomaba por la ventanilla y se despidieron quizá hasta siempre en un crucero de espacio limitado.
Llegó el desayuno y su marido parecía más repuesto pero nada mas subir a borda, el mareo continuó quizá peor que antes. John se mostró solícito para ayudar de nuevo ya que pasaba por allí "casualmente" y lo llevaron al camarote.
La mañana era un hervidero de gente y ella y john tuvieron otro desliz amoroso; esta vez donde nadie los vería entrar: en un pequeño cuarto de fregonas solitario...y se volvieron a despedir por segunda vez y para siempre...
Llegó la hora del almuerzo y Ramón (que así se llamaba el marido)le pidió perdón a su mujer por el crucero que le estaba dando y ella lo calmó con un beso. Fueron a almorzar siendo su natural volver a los mareos cuando John apareció de la nada siempre solícito...En esta ocasión el corazón de ella y el de él reclamaban más que nunca atención. Hacía un rato que se habían visto en el cuarto de fregoras y ahora lo hacían en un cuarto cobertizo cerca de la sala de máquinas...
Llegó la noche con una cena de orquesta de jazz relajante y baile. El médico le recetó varias biodramínas pero fué imposible; las biodraminas salieron disparadas por la borda. John apareció con cara de preocupación y como siempre lo condujo al camarote...Esa noche ella y john cenaron como dos personas que se conocian hacía un momento y terminada la cena, salieron a ver fuegos artificiales programados para esa noche...No faltaron ni colores en el cielo ni estrella fugaces pues en el rincón más apartado de la gente, ella y john volvían a hacer el amor...
El crucero duró ocho días con siete noches. No había rincón en el crucero por investigar ni elogios por parte de su marido por hacer la hermosa labor de ayudarlo cada vez que se mareaba; le tenía en gran estima a ese caballero que tan bién se portaba.
El crucero arribó en Palma de Mallorca. Su marido dijo que según se encontraba mejor invitara a tan caballero a acompañarla por la ciudad; al fin y al cabo debían de tener una atención a sus indisposiciones.
El crucero partió a las cinco de la tarde. Los dos se quedaron en puerto y su marido esperaba el regreso de una esposa que nunca jamás llegó. Ahora, pasados unos minutos busca a su mujer por proa dando tambaleones...
Los bares fueron sitios de reunión y de comidas. Antes en mi pueblo no había restaurantes pero sí muchos bares. Mis padres nos sacaban los domingos para echar un tapeo y tomar unos refrescos. Había mero a la romana, calamares y chopitos, perolilla de gambas, patatas fritas, lomo en adobo y tantos y tantos platos que eran especilalidad de cada Bar en particular. Éramos pobres y así de la misma clase todo el pueblo sin distinción. Salir un sábado por la noche o un domingo, era todo un lujo...
En mis años de instituto mis bolsillos estaban llenos de aire. Trabajaba fines de semana en las aceitunas para tener algo de dinero durante la semana. A veces faltábammos a clase y nos íbamos a un bar; fueron los años más felices de mi vida. Gracias a mi trabajo de olivarero, algún día a la semana nos fumábamos un porrillo, jugábamos al futbolín o a las doce de la mañana ya estábamos bebiendo cerveza en cualquier bar. A mi instituto venían estudiantes de los pueblos de alrededor y lo creas o no, a veces el bar tenía mas estudiantes que el instituto estudiantes; allí la cerveza no faltaba. Cuando llegaba el viernes, todos estábamos tiesos de dinero así que al fin de semana, tocaba trabajar en la recolección.
Aquel año no suspendí el curso y aprobé. Mis faltas en clase eran contínuas así como las fiestas haciendo novillos en el bar. Nunca me he reido tanto. A veces había en nuestra reunión algo especial y es que a mi me encantaba la pólvora y fabricaba bombas. Cuando una estallaba, el instituto y el bar temblaban por el estruendo y la gente salía a la calle despavorida...
De esa manera llegué a COU como rebotado sin repetir pero el recuerdo de aquello bares tán clásicos de ornamento, tán autenticos, ya no volverán. En mi corazón llevo aquella vida de estudiante con sabor a libertad, buena música y mejores amigos...Dicen que quién vive y disfruta tendrá los cimientos para aquello que se llama felicidad...