Hace unos días, volví a cruzar la frontera que hay entre mi vida cotidiana y mi silencio. Ya son dos las veces en tan espaciado tiempo...Mi forma de pensar está evolucionando; cambiando así como la semilla tiene su transformación al germinar. Volví a entrar en ese pozo sin fondo donde aparentemente no hay nada. Dejé allí, en una profundidad considerable mi semilla y siguieron mis días con mi vida cotidiana. Algo fabuloso sucede en mi interior. Haber profanado de nuevo mi silencio, acarrea cambios como una ficha de dominó empuja a otras en un sincronismo perfecto. La primera vez que cruzé la frontera, supe de nuevo de la soledad, de la ansiedad, de la infelicidad y de la desazón de no saber qué o a qué debía de atenerme. Ahora sin embargo sigo siendo feliz pero tremendamente sensible a lo que sucede a mi alrededor. Llevo días que no escribo ni realizo actividades que antes hacía. Estoy pendiente de mi interior al sentir en lo profundo que hay un nuevo renacer. Cualquier cosa me puede herir, cualquier cosa me puede hacer sentir algo bello pero, este gigante crece en mi interior como un volcán que entra en erupción sin saber cuando ni dónde. Siento deseos de volver a cruzar mi frontera para fundirme en la grandeza de la humildad donde todo tiene una explicación sencilla. Nadie sabe de mi ni me comprende salvo muy pocas personas. Siento que la primavera de mi corazón está a punto de eclosionar en esta época de carestía y necesidad del ser humano...