Acabo de comer un solomillo a la pimienta. Como ya se dice en muchas ocasiones, en la vida de pareja ya todo se ha dicho entre yo y mi mujer. Desde mi sillón la veo lavar cuchillos, cucharas y tenedores. Ese sonido del acero inoxidable en el fregadero siempre me da la sensación de la frialdad del metal; de lo inerte que puedo llegar a ser en mi trabajo con una mesa de metal y un foco de luz potente pero fría...
Vivo en Madrid. Vivo como médico para mantener a mi familia para hacer autopsias a personas con muerte dudosa. Ya son muchos años y al principio de mi matrimonio mi mujer no se quería acostar conmigo e incluso lavaba mi ropa separada de la de los demás. Nos despedíamos con un beso que por parte de ella no era de cariño sino, de compromiso. Luego pasaron los años con muchas discusiones sobre todo para que cambiara de empleo pero no fue así.
He soportado los malos olores de personas que las encontraron en la peores circunstancias en esa mesa de acero inoxidable donde el sonido con otro metal me eriza la piel a pesar de los años. Veo un liquido al que llamaban sangre correr por el metal y me da asco. He abierto cráneos de niños, he sacado fetos a mujeres que estaban embarazadas sin saberlo y tanta gente que ya ni recuerdo...
A las 17 horas me esperan en el hospital. Ella es una mujer de mediana edad que se ha suicidado según parece. Me dan un informe y cuando entro en la sala, veo a la mesa de autopsias a la que fue mi primera novia de juventud. Los recuerdos me visitan atropellados. Todavía conserva un buen tipo y un tatuaje que ella me pidió que yo también me hiciera pero que no me hice; se llamaba Elena Martín Soler y yo la quería...La quiero todavía.
La abro en canal y le trepano el cráneo cuando uno de mis ayudantes ve que estoy llorado de forma contenida. El frío sonido del metal con el metal se mete en mi sesera en esta mesa maldita que puede hacerme vomitar.
Cuando terminamos le digo a mis ayudantes que se pueden marchar pues yo termino ya solo.
Ahora estamos los dos solos en la sala de autopsias. Recuerdo momentos de intimidad que nunca olvidaré. Aún tiene vello púbico rizado. La he abierto en canal, le he abierto la cabeza pero sus labios a pesar de todo tienen un encanto y le doy un beso; aún me excita su contacto...Termino mi trabajo y esa noche hago el amor con mi mujer pensando en ella.
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