Con el canto del gallo, nació un niño. La morada y los padres eran humildes. Nació en una serranía andaluza olvidada de la mano de Dios; un cortijo llamado "El cortao" sin luz electrica ni agua corriente...
En una mulilla lo llevaron al bautizo para llamarlo Manuel y la celebración fué en la venta de Las Peñas; un Bar donde los labradores se reunían para comentar los avatares de la vida. El era un niño fuerte y grande. Su padre orgulloso enseñaba la hombría del recién nacido a los amigos pues no había hombre más feliz en aquellos momentos.
Pasaba el tiempo y por las noches el matrimonio hablaba de que su hijo no estaba bién. Aquello era preocupante porque no fijaba la mirada ni atendía cuando lo llamaban. Parecía que siempre estaba ausente de todo menos cuando lloraba para pedir que le diera su madre el pecho. Pensaban llevarlo a la capital al mejor médico con los escasos ahorros que tenían y así lo hicieron. Entrar en la capital era toda una novedad desconocida y la gente se paraba al ver gente tan humilde vestida como hacía siglos no se vía. El médico era un hombre de edad. No recordaba a personas tan humildes entrar en su consulta y después de un rato haciendo pruebas al bebé, dijo que era ciego y sordo. El marido negó la palabra a la madre durante un tiempo porque decía que estaba podrida y ella lloraba día y noche por ver a su hijo nacido de sus entrañas.
Los años pasaban en el cortijo. La vida de la madre y del padre se hizo amarga pues ellos nunca recibieron una educación ni un consejo para llevar tamaña desgracia. Quién nacía por aquellos parajes inospitos poca idea tenían del mundo que nosotros conocemos. Manuel era ya un hombre de 25 años. Su padre enfermó y su madre se encargaba de los dos hasta que se quedó sola con su hijo y con una pensión que le permitía salir adelante pues casi todo lo tomaban de la tierra y los animales que criaban...pero el tiempo pasaba y ella ya estaba vieja. Cuidaba a Manuel que gracias a Dios nunca enfermaba y ya era un hombre de facciones delicadas y atractivo a las mujeres, de cuerpo robusto pero siempre ajeno a todo, sin articular palabra o sentimientos, sin conocer nada mas que la inopia de su mundo interior...
Ya estaba vieja y le salió un bulto en el pecho. Después un bulto en la exila y después varios por todo el cuerpo. Antes de morir pidió ayuda al alcalde de su municipio pues su hijo necesitaba un cuidado que de no recibirlo moriría. Tras varios trámites y antes de morir, llevaron a su hijo a un sanatorio mental. Ella antes de morir dijo que su hijo no estaba loco.
Del amor de su madre al trato que Manuel recibía en aquel sanatorio como enfermo mental, era como entrar en un campo de concentración por los padecimientos muchas veces de inanición que sufría. Por entonces contaba con 28 años. Olvidado de la mano de Dios como un deshecho y recibiendo una medicación que no necesitaba.
Pasó mas tiempo en aquel sanatorio. Un médico se interesó por el interno 45 e intentó comprender todo lo que había sido la vida de Manuel hasta entonces; no se le iba de la cabeza como una persona inocente había sufrido tales vejaciones después de morir la madre y una noche, lloró de pena por ser un hombre emocional a su realidad.
Procuró que su paciente tuviera una vida digna en aquel sanatorio y hasta le buscó una residencia decente porque afirmaba que Manuel no era un enfermo mental sino una persona con una dignidad para vivir...
Había una asistenta que trabajaba por las noches. Visitaba a Manuel cuando todos dormían buscando placer sexual pues el era un hombre dotado y complaciente para hembra placentera hasta que una noche, sin saber porqué, Manuel comenzó a gritar y alguien descubrió lo que aquella chica hacía. La noticia dió la vuelta a España y su médico le buscó una residencia que fuera más decente para lo que le quedaba de vida.
Ya contaba con 45 y la ciencia dió un paso más. Un neurólogo puso en practica una complicada operacion para que casos como el de Manuel abrieran las puertas a una vida nueva...Su mejor amigo era su médico para procurar un estudio sobre las posibilidades de exito tras la operación y Manuel no tenía ningún familiar para autorizar lo que seguramente sería su curación...
El consejo médico dió luz verde y operaron a Manuel en Madrid. Imaginense la impresión de ver la luz por primera vez o escuchar que alguien te llama por tu nombre sin saber qué dice. El mundo desfilaba ante los ojos de Manuel como recién nacido pero, pasaron más años, muchos años más y Manuel aprendió a hablar, a leer, a escribir y a llorar por ser hombre sensible. Tenía un inteligencia inaudita. Se hizo famoso a una edad muy madura. Comentaba que siempre llevaba el recuerdo de la picadura de una aveja o los labios de su madre cuando lo besaba...
En la vejez, siempre en una residencia, un hombre vino a visitarlo: era su hijo fruto del abuso de aquella mujer lasciva que practicaba con el un coito y que también se llamaba Manuel.
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