A veces el silencio no hiere como las palabras. Cada pausa en nuestra mente se prolonga como nacida de un silencio venido del infinito. Los recuerdos, los pensamientos, las emociones ...todo es manejable en la fuente del silencio que mucha gente quisiera dominar por ser fuente de la sabiduría. Sin el silencio no seríamos nada. Nos aferramos a la palabra que nace y muere en el acto y sin embargo, la consistencia del silencio nos acompaña en el camino de la vida hasta la muerte...Hubo quién dió su vida ahondando en su interior sin conocer su fruto y también, quién halló la maravilla como quién conquista el poder de su dominio. El silencio tiene otro lenguaje; un lenguaje que abarca a todas las razas humanas y a todas las criaturas por ser simple y poderoso.
La vida no son sólo personas, está en todos los animales provistos de un silencio y un corazón donde el amor crece libre. Nos consideramos afortunados en poder dominar la palabra y sin embargo pienso que todos estamos a merced del destino. Las criaturas tienen, tenemos, un lenguaje de silencio que es muy simple para los animales no racionales y que los humanos no vemos. Nacemos de un silencio y nos pasamos toda la vida para conquistar aquello que se intuye como puede ser la llamada de Dios.